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Embarazo y emociones: conecta con tu bebé

Sensaciones en el útero materno

Está demostrado que los estados anímicos de la embarazada afectan de manera más o menos intensa a su hijo. No es que el bebé nos lea la mente, lo que pasa es que cuando nos encontramos bajo diferentes estados de ánimo, nuestro cuerpo segrega distintas hormonas que pueden llegar al bebé a través de la placenta. Los investigadores han llegado a la conclusión de que estas emociones quedan grabadas en la memoria del pequeño.

El feto no experimenta sentimientos como la alegría, la soledad o el miedo, ya que carece de la maduración neurológica necesaria para ello. Pero sí tiene sensaciones como bienestar, sobresalto, placer o sensación de saciedad.

Estrés en el embarazo: malo para ti, malo para tu bebé

Las emociones negativas mantenidas en el tiempo, como el estrés, hacen que produzcamos cortisol y otras hormonas tóxicas, que pueden llegar a afectar al desarrollo del sistema nervioso del feto. La placenta actúa como barrera protectora ante ellas, pero si la ansiedad se mantiene mucho en el tiempo, el cortisol puede atravesarla. El efecto más estudiado del estrés durante el embarazo es el aumento de riesgo de parto prematuro y bajo peso al nacer, pero además se ha descubierto que los bebés cuyas madres han pasado un embarazo especialmente angustioso pueden ser más irritables y propensos a sentir ansiedad y a sufrir en el futuro déficit de atención e hiperactividad.

La ansiedad de la madre causa, además, una disminución en el flujo sanguíneo que llega al bebé, por lo que este dispone de menos nutrientes para formarse.  Se ha llegado a la conclusión de que un estrés prolongado en el embarazo puede implicar una disminución en el cociente intelectual del niño.

Las emociones positivas también llegan al bebé

Por supuesto, también se ha estudiado el efecto de las emociones positivas de la madre en el futuro bebé. Así, se sabe que la alegría y la tranquilidad refuerzan el sistema inmune, o que son beneficiosas para su sistema cardiovascular. Los bebés de madres que han pasado un embarazo feliz –en general, en nueve meses es imposible no vivir momentos difíciles- suelen tener mejores partos, nacen con un buen peso, lloran menos y comen y duermen mejor.

Ante todo, mucha calma

Por eso es tan importante mantener la tranquilidad y cuidar nuestro estado anímico durante la gestación.  Estos consejos sirven para toda la vida, pero en el embarazo te vendrán especialmente bien:

  • Date tiempo para adaptarte a la nueva situación. El embarazo es una etapa de cambios, en la que vamos asumiendo progresivamente la maternidad. Si te da miedo el parto, habla con tu matrona y con tu obstetra y explícales lo que te pasa. Existe la Asociación Española de Psicología Perinatal (http://www.asociacionpsicologiaperinatal.com/), donde puedes encontrar información y recursos para buscar un cambio de actitud.
  • Los buenos hábitos sientan bien. Comer sano, hacer ejercicio moderado a diario y evitar costumbres poco saludables nos hace sentirnos mejor no solo físicamente, también mentalmente.
  • Conecta con tu hijo. Piensa en él con cariño y alegría, acaricia tu tripa, háblale. A partir del cuarto mes, el bebé ya es capaz de oír los sonidos externos. Oye la voz de la madre, a la que está más acostumbrado, pero también la de su padre. Busca un sitio y un momento tranquilo y cuéntale lo que quieras. Escucha tu música favorita, deja que las emociones que te produce lleguen a tu pequeño. Los ejercicios de relajación y el yoga para embarazadas también te ayudarán a reforzar el vínculo.
  • Evita situaciones que te causen estrés. En el embarazo, como en cualquier otra etapa de nuestras vidas, hay momentos, actividades y personas que nos preocupan o nos ponen nerviosas. Este puede ser un buen momento para plantearte qué es inevitable y a qué puedes renunciar. ¿De verdad tienes que seguir con ese ritmo de trabajo? ¿No hay nadie más que pueda organizar las reuniones mensuales del grupo de lectura? ¿Se hundiría el mundo si no fueses todos los domingos a comer a casa de tus suegros? Detente a pensar qué es lo que causa malestar en tu vida, y atrévete a decir adiós a lo que no te aporta buena onda.
  • Rodéate de personas positivas y busca momentos para compartir planes con quienes te hacen sentir bien: tu pareja, tus amigos, la familia… Una tarde de risas compartidas, visitar un lugar agradable, pasar unas horas haciendo lo que más te apetece con las personas a las que quieres tiene un valor terapéutico incalculable.