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Alcohol y fertilidad

Fertilidad: nada de alcohol si estáis buscando un embarazo

Muchos factores relacionados con la infertilidad y las dificultades para concebir un hijo son ambientales: no se deben a causas genéticas, sino a hábitos y estilo de vida. El consumo de alcohol, que tan asentado está en las costumbres y la vida cotidiana de nuestro país, es uno de los más estudiados.

Todas las embarazadas saben que no deben probar el alcohol durante los nueve meses de gestación, por los riesgos que supone para el futuro bebé. Pero si hablamos de los meses previos a la concepción, y decimos que no solo las mujeres, tampoco los hombres deberían probar el alcohol en esa etapa, el compromiso  se vuelve más… laxo.

Y, sin embargo, los estudios sobre fertilidad y consumo de alcohol son inequívocos.

Cómo afecta el alcohol a la fertilidad femenina

Las consecuencias de consumir bebidas alcohólicas en las posibilidades de concebir un hijo son más graves en el caso de las mujeres, porque su organismo lo absorbe con mayor rapidez y tarda más en metabolizarlo que el de los hombres.

En ellas, el alcohol puede alterar la producción de hormonas, causar problemas de ovulación y alterar los ciclos menstruales. Según algunos estudios, consumir 2-3 bebidas alcohólicas al día multiplica por 1,6 el riesgo de infertilidad femenina, y quienes beben menos de cinco unidades de alcohol a la semana (una unidad es una cerveza o una copa de vino) tienen el doble de posibilidades de quedarse embarazadas en seis meses que quienes beben más.

Y esto por no hablar de las consecuencias que puede tener en el futuro bebé que la madre consuma alcohol durante el embarazo, que no suele confirmarse, como pronto, hasta pasadas dos semanas de la concepción.

Así influye el alcohol en la fertilidad masculina

En el hombre, el alcohol también afecta a la producción de hormonas: disminuye la producción de testosterona y aumenta la de estrógenos. El resultado es una disminución tanto en el número de espermatozoides como en la calidad de los mismos, es decir, un aumento de espermatozoides con morfología anormal.  La bebida también bloquea la absorción de zinc, un mineral imprescindible en la formación del semen.

Teniendo en cuenta que los espermatozoides necesitan tres meses para madurar, y que el esperma que se produce cuando se consume alcohol es menos saludable, lo ideal, si queremos tener un hijo, es dejar de beber de inmediato, y tener claro que los efectos se notarán plenamente dentro de doce semanas.

El alcohol, además, afecta a la libido y puede causar impotencia. En los casos más graves, incluso atrofia testicular.