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Fotos en el parto, ¿buena o mala idea?

Es cierto que se trata de una experiencia irrepetible: solo nacemos una vez, así que tener grabado ese momento puede parecer una buena idea. Pero, ¿lo es siempre? Hay voces a favor y en contra, y estos son los argumentos de cada una de las partes:

 

  • A favor de inmortalizar el parto. Si nos parecería impensable no tener un álbum de fotos de nuestra boda, de un viaje especial o del 100 cumpleaños de la abuela, ¿cómo no vamos a guardar recuerdos gráficos de uno de los momentos más especiales de nuestra vida? Además, es un testimonio que quedará no sólo para nosotros sino también para el propio bebé, que cuando crezca podrá ver cómo llegó al mundo. Aunque en esos momentos es posible que lo único que le apetezca a la madre sea que su pareja le de la mano en lugar de grabar todo sin perder detalle, ella también agradecerá después tener ese testimonio de excepción. Y grabar o fotografiar no significa perderse lo que está pasando. Se es testigo de cada segundo igualmente solo que, además, guardamos recuerdo de ello en una tarjeta de memoria.

 

  • En contra de hacer fotos o vídeos en el parto. Entre los que prefieren que no haya ningún móvil o cámara grabando todo lo que ocurre en el partitorio están los que creen que es un momento demasiado especial e íntimo como para grabarlo. La mejor forma de recordar cómo vino al mundo nuestro hijo está en nuestra cabeza, donde hemos grabado cada detalle. De esa manera, el padre no se distraerá prestando atención a otra cosa que no sea dar apoyo a su pareja y verá todo directamente, sin pantallas de por medio, lo que seguramente será una de las experiencias más extraordinarias de su vida. Eso sin contar con que no hay por qué dejar constancia de los gritos de dolor previos al alumbramiento del bebé.

 

Por supuesto, elegir una u otra opción es decisión de los dos miembros de la pareja, y siempre que haya sido consensuado entre ellos, lo que hayan decidido será lo mejor. Lo que cuenta es que no sea una postura unilateral impuesta al otro porque, al fin y al cabo, los dos cuentan en igualdad de condiciones: la madre es la protagonista de excepción y debería decidir si quiere compartir o no ese momento con una cámara; en el padre es en quien recae la responsabilidad de guardar el recuerdo, y es posible que prefiera no distraerse y ser testigo directo sin cámaras de por medio. En cualquier caso, lo importante es que el bebé llegue bien, sano y feliz. Guardar o no un recuerdo gráfico de ello es una cuestión secundaria que deben resolver papá y mamá.

 

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