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Grasas saturadas, ¿deberíamos eliminarlas de la dieta?

Con el paso del tiempo e infinidad de estudios, se ha demostrado que esto no es así, que las grasas deben ser protagonistas de nuestra dieta si queremos perder peso, aumentar volumen, mantener a raya el colesterol o mejorar nuestra composición corporal.

Dentro de las grasas, distinguimos entre monoinsaturadas, poliinsaturadas y saturadas. Es de sobra conocido que en una dieta equilibrada grasas monoinsaturadas como las del aceite de oliva, los frutos secos o el aguacate deben tener su sitio en las proporciones adecuadas, igual que las poliinsaturadas como las del pescado azul que también debemos consumir al menos dos veces a la semana. Pero, ¿qué pasa con las grasas saturadas?

¿Hacemos lo correcto si eliminamos la grasa saturada por completo?

En primer lugar, es necesario distinguir entre la grasa saturada que contienen presente los alimentos de forma natural y la que es generada en la cocina o de forma industrial para la elaboración de distintos procesados. Siempre que consumamos algún tipo de bollería o embutido hemos de saber en el primer caso que la grasa mayoritaria es “trans” que no deberíamos consumir nunca y, en el segundo caso, el de los embutidos, es una grasa saturada de mala calidad porque se trata de una carne procesada, por lo tanto, tampoco deberíamos consumirla más que de forma muy puntual.

Sin embargo, existen ciertas grasas saturadas que debemos incluir en proporción variable a nuestro objetivo y que nos ayudan a la pérdida de peso por sus características y composición.

El aceite de coco, un gran aliado contra la pérdida de peso

El coco se caracteriza por su alto contenido en grasa saturada pero diferentes estudios han demostrado que su consumo habitual puede hacernos perder peso, bajar el colesterol, incluso servir como una auténtica inyección energética para deportistas, especialmente si se consume en forma de aceite.

El aceite de coco se ha puesto muy de moda en los últimos años y no sólo para cocinar, también en el mundo de la belleza y la cosmética. Pero si alguna vez te da por mirar los valores nutricionales es normal llevarse las manos a la cabeza, todo el aceite de coco es una grasa saturada, entonces ¿por qué es tan beneficioso? La respuesta está en que se trata de ácidos grasos de cadena media, al contrario que otros aceites vegetales que son de cadena larga. La diferencia entre ambos es que los de cadena larga requieren enzimas especiales para su digestión, suponen un estrés para el páncreas, hígado y sistema digestivo, y la mayoría son almacenados en el organismo en forma de grasa. Por el contrario, los de cadena media como es el caso del aceite de coco, penetran en las membranas celulares más fácilmente y no requieren enzimas especiales para ser utilizadas por el organismo, son enviados directamente al hígado, donde se convierten en energía en lugar de almacenarse como grasa, ayudando a estimular el metabolismo del cuerpo.

Es por ello que, siempre en cantidades controladas, el aceite de coco ha pasado a ser un básico para deportistas, por su capacidad de aportar energía, como si de un carbohidrato más se tratara.

Otras grasas saturadas que sí podemos y debemos consumir

Hay que pensar que sin grasa saturada no hay vida, la mitad de las membranas celulares están formas por grasa saturada que además juega un papel clave en la salud ósea, nuestros huesos necesitan esta grasa para fijar el calcio en los huesos. Solo hay que pensar que el 50% de la leche materna es grasa saturada, ¿por qué será?

El caso es que si no le damos al cuerpo la grasa saturada que necesita, se verá obligado a fabricarla. Por eso, alimentos que parecen vetados en cualquier dieta de adelgazamiento como puede ser la panceta o el bacon, pueden formar parte perfectamente de una dieta equilibrada y ayudarnos a perder peso con eficacia, sin efecto rebote. La creencia sobre que las grasas saturadas obstruyen las arterias y causan enfermedades coronarias es un error, según afirman los expertos, pero debemos cuidar las porciones, y ponernos en manos de profesionales si es necesario.

Es fundamental priorizar los alimentos naturales, que no hayan sido manipulados ni procesados, con las verduras, las frutas, las legumbres y los cereales integrales como base y con esa porción de grasa siempre en las comidas para mantenernos saciados por más tiempo, como lácteos enteros, quesos, semillas, frutos secos o aceite de coco u oliva.

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