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¿Has oído hablar del estrés posparto?

¿Cómo se manifiesta?

Es normal sufrir una pequeña o mediana dosis de estrés después del nacimiento del bebé. Todo se debe a lo abrupto del cambio en la vida: de pronto, tu rutina gira en torno a ese pequeño ser indefenso que te necesita absolutamente para todo, las 24 horas del día. Es habitual que cualquier mujer manifieste cierto grado de nerviosismo o ansiedad, que por lo general van disminuyendo conforme conocemos mejor al bebé y aprendemos a descifrar sus necesidades.

Pero en el caso de estrés posparto, la mujer parece salida de una experiencia traumática: revive incesantemente el parto, a veces con imágenes o pensamientos intrusivos, o por el contrario, evita a toda costa pensar en el tema. Pueden aparecer sueños donde ella o el bebé corren peligro, lo que repercute en el sueño. Y en general manifiesta un alto grado de irritación.

¿Por qué se produce el estrés posparto?

Esta condición suele estar ligada a haber vivido el parto como una experiencia muy traumática. Puede ser que la mujer o el bebé hayan corrido serios riesgos, que el parto se haya desencadenado antes de tiempo, o incluso que la mujer haya sido víctima de violencia obstétrica. Como sea, el parto funciona como cualquier recuerdo traumático.

Otras causas posibles

El estrés puede aparecer por sentirnos desbordadas por los cuidados que requiere el bebé: cuando no tenemos ayuda de nuestra pareja o de otros familiares, cuando nos vemos obligadas a dejar al bebé bajo el cuidado de terceros antes de estar emocionalmente preparadas, cuando las noches sin dormir se acumulan o cuando el bebé padece de cólicos y llora a diario por muchas horas seguidas.

Cómo afrontarlo

Lo primero que debes hacer es asumir que tienes un problema y que necesitas ayuda. El estrés no desaparecerá por sí solo sino que es un problema que tiende a empeorar si procuras bloquearlo. Si tu parto ha sido una experiencia penosa por cualquier motivo, si te sentiste en peligro, si temiste por la vida del bebé, o si sufriste una humillación, es preferible que te abras y hables de la experiencia, ya sea con tu pareja y tus allegados o bien con un terapeuta profesional. Sacar todas esas emociones a la luz es el primer paso para sanar.

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