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La leche materna tan valiosa

Por suerte la naturaleza desarrolló durante millones de años un alimento para el bebé que cubre perfectamente todas sus necesidades, es decir, que se adapta a las funciones todavía no desarrolladas de los órganos digestivos , a su metabolismo, y a la cantidad de alimentos necesarios para el crecimiento durante el primer año de vida: es la leche materna, que alimenta durante los meses de la lactancia a nuestro bebé.

  • Un bebé necesita muchas calorías: toma el 50% de la energía que necesita en forma de grasas, este porcentaje pasará a ser del treinta por ciento el resto de su vida adulta. Esta grasa produce una energía concentrada y proporciona elementos importantes para las estructuras celulares, entre otras también para el cerebro.
  • Necesita una cantidad exacta de proteínas que le permita crecer bien: la proteína supone el siete por ciento de la energía, pero no más, si no, se crearía una sobrecarga del hígado y de los riñones.
  • Necesita muchos hidratos de carbono: aproximadamente el cuarenta por ciento de la energía ingerida se compone de hidratos de carbono, reservas de energía disponibles que se pueden almacenar o emplear en tareas del metabolismo.
  • Aunque la leche materna contiene muchos hidratos de carbono, es siete veces menos dulce que la leche azucarada. Su contenido en sal es bajo para proteger a los riñones y para que el cuerpo del bebé pueda retener mejor sus reservas de agua. Por otro lado, tiene suficiente calcio para garantizar un crecimiento sano de los huesos.

Importante: los suplementos para el bebé lactante

La vitamina K se sintetiza por bacterias del intestino y es necesaria para la coagulación de la sangre. A los recién nacidos se les suministra después del “parto” para prevenir la enfermedad hemorrágica del recién nacido. Se recomienda la administración de 1mg de Vit K:[dosis_de_vitamina_k] (IM) tras el nacimiento. Otra posibilidad si los padres no desean la pauta IM ,es la pauta oral, que hasta ahora se ha mostrado como la más eficaz: 2 mg de vitamina K oral al nacimiento seguidos, en los lactados al pecho total o parcialmente, de 1 mg oral semanalmente hasta la 12.ª semana

( Fuente : Grupo de Trabajo PrevInfad de la Asociación Española de Pediatría de Atención Primaria (AEPap) y a su vez del Programa de Actividades Preventivas y de Promoción de la Salud (PAPPS-semFYC), 2010).

La profilaxis debe hacerse igualmente a los niños que se alimentan con leche materna como a los niños que toman el biberón.

Nuestro cuerpo sintetiza naturalmente la vitamina D por la mera exposición al sol, ésta es necesaria para el almacenamiento del calcio en los huesos. Los lactantes menores de un año lactados al pecho deben recibir un suplemento de 400 UI/día de vitamina D, iniciando su administración en los primeros días de vida. Estos suplementos se mantendrán hasta que el niño ingiera 1 litro diario de fórmula adaptada enriquecida en vitamina D.

Por otra parte todos los lactantes menores de un año alimentados con sucedáneo de leche humana que ingieren menos de 1 litro diario de fórmula han de recibir un suplemento de 400 UI/día.

Solamente si se pertenece a un grupo de riesgo de caries dental se darán suplementos de flúor por vía oral a partir de los 6 meses, según el agua sea agua del grifo o embotellada. El hierro también es importante: se recomienda LM o fórmula fortificada con 4-12 mg/L, como parte de la prevención primaria de la anemia ferropénica.

Parece recomendable añadir cereales con Fe o suplementos de hierro, al menos 1 mg/día absorbidos ó 7-10 mg/día ó 1 mg/kg/día, en lactantes a término con LM a partir del 4º-6º mes de vida. Si el lactante es alimentado durante más de seis meses sin suplemento de hierro, entonces debería recibir a partir de ese momento diariamente cinco miligramos de hierro en forma de gotas.

A partir del quinto mes se puede añadir mensualmente una papilla para bebés que sustituya una toma de leche. Del sexto mes en adelante, ya no es suficiente alimentar al niño solamente con leche materna, necesita también otros alimentos que le aporten proteínas. Además, son necesarias fibras vegetales para mantener una buena función intestinal: ahora empieza el programa de alimentación complementaria.

A partir del décimo mes, lo que comen los padres empieza a ser atractivo. Al final del primer año de vida el bebé se empezará a convertir en uno más de la mesa familiar, ya que con su nuevo ritmo de comidas de desayunos, almuerzos y cenas (con dos comidas intermedias) podrá participar sin problemas en las comidas de sus papás.