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¿Pondrías a tus hijos el apellido materno?

Esto es así desde que entró en vigor la última reforma del Registro Civil, el 1 de julio de 2017. Con ella, los progenitores tienen tres días de plazo para acordar el orden de los apellidos de su retoño. Si no llegan a una solución, el encargado del Registro Civil deberá decidir el orden pero no poniendo el del padre en primer lugar por defecto, como ocurría desde 1999, sino teniendo en cuenta el interés superior del menor.

Pero en el primer mes de aplicación de la reforma nacieron 35.583 niños y solo 193 de ellos fueron registrados con el apellido materno en primer lugar, según datos del Ministerio de Justicia. Una cifra tan escasa que supone solo el 0,5 % del total.

De hecho, un mes antes, cuando la reforma aún se estaba debatiendo en el Parlamento, hubo más niños registrados con el apellido materno que en el primer mes de aplicación de esta.

Parece que en España nos gusta más el orden tradicional. Desde 1999, cuando empezó a poder priorizarse el apellido de la madre, solo unos 23.000 niños españoles llevan esa opción en su DNI. Es cierto que la tendencia ha ido en aumento: en 2001 hubo 27 bebés inscritos con el apellido materno en primer lugar. En 2016, su número ascendió hasta los 2.953 recién nacidos.

Pero volvamos al presente. ¿Qué pasa ahora si los padres no se ponen de acuerdo en ese plazo de tres días? Parece extraño imaginar ese desencuentro, pero claro, puede suceder. Pues en ese caso, según la ley, decidirá el Encargado del Registro Civil “atendiendo al interés superior del menor”.

El interés superior del menor en los apellidos

Decidir, para alguien externo a la familia, cuál es el interés superior del menor al elegir el orden de los apellidos no debe ser tarea fácil.

El criterio de la Dirección General de los Registros y del Notariado es el siguiente: evitar cacofonías, combinaciones malsonantes o contrarias al decoro (todos nos acordamos de algún ejemplo desafortunado entre nuestros compañeros de clase); que el primer apellido pueda inducir a confusión con un nombre propio o con la identidad de otra persona con fama de notoria relevancia negativa, o que se pueda dar preferencia a un apellido que resulte infrecuente según el Instituto Nacional de Estadística. Y, si no se da ninguno de estos casos, es posible que el orden de los apellidos termine decidiéndose por sorteo.

En cualquier caso, la decisión se podrá impugnar ante un juez, pero no ante la Dirección General.

¿Por qué tenemos dos apellidos en España?

Esta costumbre española de llevar dos apellidos, el paterno y el materno, es exótica en Europa. De hecho, entre nuestros vecinos continentales solo es compartida en Portugal, y también está extendida en Latinoamérica. En la mayoría de los países europeos -y en los anglosajones, por supuesto- la mujer pierde su apellido al casarse para adoptar el de su marido, y la descendencia solo hereda el nombre familiar del padre.

Hemos investigado un poco de dónde viene la tradición de conservar el apellido materno, y en Genealogíahispana.com descubrimos que “el doble apellido surgió entre las clases altas castellanas y que desde el norte de Castilla, especialmente los señoríos vascos, no se llegó a extender al resto de la población de España hasta el XVIII, aunque su plenitud como uso generalizado solo puede afirmarse que se alcanzó a partir de 1850”, según las investigaciones del genealogista George R. Riskamp.

Antes de 1800, al parecer, la mayoría de los españoles usaban solo un apellido, normalmente el paterno. Y el uso del apellido materno por las mujeres destacaba especialmente en Galicia y Extremadura, aunque no en exclusiva.

¿Y tú, cambiarías el orden “de toda la vida” de los apellidos de tu hijo? 

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