Senderismo en invierno embarazada

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Si te gusta salir a la montaña, no tienes por qué dejar de hacer tus rutas durante el embarazo, tampoco en los meses fríos, pero sí tendrás que adaptar tu actividad a tu estado.

Hacer ejercicio moderado durante la gestación le viene bien al bebé y tiene beneficios físicos y psicológicos para ti, siempre que el embarazo no sea de riesgo y elijas la actividad física con sentido común. Para empezar, conviene que preguntes a tu ginecólogo, que evaluará tus hábitos, tu forma física, tu estado de salud y tu evolución y te aconsejará lo más indicado en tu caso concreto.

Con tripita a la montaña

Si tu embarazo transcurre sin problemas y eres montañera, tenemos buenas noticias: el senderismo es una actividad aeróbica de bajo impacto, por lo que es uno de los deportes más recomendados para embarazadas. Entre otros beneficios, mejora la circulación, tonifica los músculos, aumenta tu capacidad pulmonar y, en pleno campo, sienta maravillosamente al ánimo.

Con todo, practicar senderismo durante estos meses es también una cuestión de sentido común: deberás tener más cuidado al elegir la ruta, puede que tengas que hacer más paradas o mantener un ritmo más tranquilo para que no se te disparen las pulsaciones, y ser más precavida con los caminos por los que te metes, porque tu centro de gravedad cambia y tu musculatura y tus articulaciones están más laxas por efecto de las hormonas, por lo que aumenta el riesgo de caídas.

Si estás en baja forma física o haces senderismo de manera ocasional, no es el momento de proponerte grandes retos. Si te escapas a la montaña en cuanto tienes ocasión, tú misma notarás que necesitas bajar el ritmo: tu frecuencia cardiaca también aumenta, en reposo y en actividad, aunque estés en plena forma, y tu cuerpo experimenta cambios que harán más incómodos algunos movimientos.

Senderismo en el embarazo: precauciones

En estos meses toca buscar rutas bien señalizadas, de fácil acceso, cercanas a una población en la que podamos recibir asistencia si es necesario y no demasiado accidentadas. También es importante no sobrepasar los 2.000 o 2.500 metros de altura, porque la altitud aumenta el ritmo cardiaco y el bebé puede verse privado de oxígeno.

Hacer senderismo en invierno tiene sus particularidades, y si estás embarazada, debes prepararte mucho mejor y asumir que no podrás meterte por nieve, para evitar caídas y sobreesfuerzos.

  • Es fundamental llevar un buen equipamiento: el calzado adecuado (unas botas de montaña impermeables y cómodas), ropa para combatir el frío en varias capas (el básico es una camiseta interior y pantalón térmicos, un forro polar como segunda capa y, en la tercera, pantalón y chaqueta transpirables e impermeables) y, por supuesto, unos buenos calcetines, gorro y guantes. Si en algún momento te sobra algo, siempre puedes meterlo en la mochila.
  • Si la protección solar es imprescindible para todos, para la embarazada mucho más, porque el riesgo de que te salgan manchas en la piel se multiplica exponencialmente (de nuevo, las hormonas). Aunque te parezca que el sol no pega mucho, aplícate cada dos horas una crema de protección solar alta (factor 50) en rostro y cuello.
  • Tus necesidades energéticas cambian en el embarazo, y la hidratación es más importante que nunca. Aunque tengas prevista una ruta corta, asegúrate de llevar la comida necesaria, suficiente agua.
  • No te olvides de incluir una manta térmica por si acaso (no pesan nada)  y un botiquín de montaña.

 

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