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Hipertensión Gestacional: tensión alta en el embarazo

La tensión alta es un problema que es vital controlar, puesto que puede tener efectos muy perjudiciales para el organismo. En nueve de cada diez personas, la hipertensión se debe a su herencia genética. También es común que la tensión arterial elevada aparezca durante el embarazo. La mayoría de estos casos surge alrededor de la semana 20 de embarazo. Incluso antes si la mujer espera más de un bebé. Algunas embarazadas que sufren hipertensión pasado el ecuador de su gestación y, además, presentan proteína en la orina, es posible que padezcan preeclampsia una enfermedad relacionada con la hipertensión gestacional .

Hay determinados factores que influyen en la aparición de la hipertensión gestacional. Ser madre primeriza, tener más de 30 años, padecer enfermedades renales y los embarazos múltiples son algunas de las causas que elevan las posibilidades de tener la tensión alta durante la gestación. En términos generales, en torno al 7% de las mujeres que están encinta tienen una excesiva tensión arterial, es decir, que registran140 de máxima y 90 de mínima. Es necesario controlar estos valores, ya que la hipertensión puede tener graves consecuencias, como partos prematuros o que el recién nacido presente bajo peso.

Principales indicios

Los síntomas pueden ser muy diferentes de una mujer a otra. Y es que hay que tener en cuenta que el embarazo es un momento de múltiples cambios en el organismo y las afecciones pueden ponerse de manifiesto de distintas formas. No obstante, la mayoría de las mujeres que padece hipertensión gestacional suele presentar unos indicios semejantes, que suelen alertar a los médicos de unos valores demasiado elevados. Las cefaleas (de mayor o menor intensidad), las náuseas, la hinchazón en las manos y la cara, dolor en la parte derecha del abdomen… son síntomas característicos de esta dolencia.

 

No existe un tratamiento específico para curar la hipertensión gestacional. Sin embargo, sí es posible llevar a cabo un control exhaustivo para que la situación no empeore. De esta manera, los médicos pueden valorar si están ante un caso de tensión arterial alta o uno de preeclampsia. En los cuadros clínicos más graves, los especialistas pueden administrar ciertos fármacos, como la hidralazina, que relaja los vasos sanguíneos y permite una mejor circulación de la sangre. Pero es imprescindible recurrir a estos medicamentos sólo si el escenario es muy grave, ya que podrían afectar al bebé.