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el cuerpo de la mamá en el puerperio

El cuerpo de la mamá durante el puerperio

Los primeros días con tu bebé son muy intensos, tu cuerpo se tiene que acostumbrar otra vez a su nuevo estado de no embarazada. Por ello, se iniciarán los cambios para volver a tu estado normal; tu matrón-matrona y ginecólogo controlarán tu post parto y te guiarán en los cuidados propios de este periodo para ti y el recién nacido, muchos de los cuales, si acudiste al curso de preparación a la maternidad, ya te habrán adelantado en las clases.

En los primeros días después del parto, si lo deseas tu matrona te hará una visita en casa, aunque si prefieres puedes acudir tú al centro de salud para realizarla, en cualquier caso siempre estará dispuesta a contestar tus dudas y solucionar los problemas que te vayan surgiendo. No sólo mirará si tu hijo se encuentra bien, sino también que tal estás llevando el puerperio durante el que no sólo cambia tu cuerpo, sino también tu mente, lo que se puede traducir en fuertes emociones.

Es importante comprobar si el útero está volviendo a su estado normal; piensa que ese órgano pequeño de apenas 100 gramos y que difícilmente se palpa en situación de no embarazo, se ha distendido (estirado) ocupando todo el abdomen para alojar a tu hijo. Una vez das a luz notarás un pelotón duro, lo que se llama “globo de seguridad” (eso indica que el útero está contraído para evitar una fuerte hemorragia) más o menos a la altura del ombligo, en días sucesivos el útero debería reducir constantemente su tamaño de manera que, sobre el 15 día del puerperio, haya recobrado su tamaño y posición normal dentro de la pelvis y ya no está accesible a tu palpación.

También hay que observar el flujo postparto (loquios), que son pérdidas de sangre roja incluso con coágulos los primeros 3-4 días y que con el tiempo irán disminuyendo en cantidad y variarán el aspecto, hasta aparecer en los últimos días como el manchado de un final de menstruación para desaparecer completamente en el plazo de tres a seis semanas .

Las mujeres que lactan y las primíparas tienen loquios durante menos tiempo. Los desgarros, laceraciones e incluso si tuvieras una episiotomía se irá curando en la primera semana a medida que los tejidos se desinflaman y regeneran. Este proceso se puede acelerar aplicando hielo (a ratos y nunca colocado directamente sobre las heridas) ya que, además del efecto antiinflamatorio tiene poder analgésico y en última instancia y siempre bajo prescripción médica, podrían utilizarse medicamentos antiinflamatorios. Es importante no adoptar posturas, ni realizar esfuerzos y /o movimientos forzados que sobrecarguen la zona interfiriendo en su recuperación y aumentando el dolor de la misma.

Otro punto de atención importante es el cuidado de las mamas que, en el caso de las madres que lactan, están más tensas por el llenado de la leche, se vuelven más sensibles y dolorosas al tacto y pueden presentarse problemas (grietas y enrojecimientos), sangrado, tensión dolorosa, calor…) en el proceso de la lactancia que la dificulten e incluso la imposibiliten de no solucionarse a tiempo. Es recomendable, en caso de que notes alguna dificultad, acudir lo antes posible a tu matrona, quien tomará las medidas necesarias para solucionar el problema.

La ayuda, el apoyo y el intercambio de experiencias entre madres que amamantan es de gran utilidad, por eso creemos interesante que acudas a un grupo de apoyo a la lactancia, aunque los consejos que recibas han de ser complementarios a los prestados por los profesionales de salud ( matrona/ obstetra/ pediatra/ enf. pediatría) .

En un puerperio normal hay signos de alarma de los que inmediatamente tienes que informar a tu matrona/ médico: fiebre, malestar generalizado, fuertes dolores ( no confundir con los “entuertos” que son las contracciones necesarias para que el útero retorne a su lugar) , flujo maloliente, sangrado excesivo después del 3º o 4º día etc. Puede tratarse de complicaciones como una mastitis, una infección del útero o de las heridas, que se deberían tratar con urgencia.

Pocas semanas después del parto puedes empezar con los ejercicios para recuperar el suelo pélvico. El suelo pélvico durante el embarazo ha estado sometido a una presión que ha ido haciéndose mayor a medida que el feto iba creciendo en el útero, hasta alcanzar la máxima tensión en el momento del parto. Todos estos músculos que han soportado un gran trabajo se encuentran ahora distendidos y laxos, (estirados y flojos) y pueden haber quedado afectados de manera que en el post parto las consecuencias se hagan visibles, tanto más cuantos más hijos hayas tenido: incontinencias, prolapsos, problemas con las relaciones sexuales etc.

Hay que trabajar la zona para recuperarla y evitar estos problemas. Si has asistido a las clases de preparación maternal ya tienes conocimiento de los ejercicios adecuados a realizar “Ejercicios de Kegel” y algunos de ellos, sencillos, que no requieren mucho esfuerzo podrás empezar a realizarlos en seguida tras el parto. Para otros, más intensos habrás de esperar, ya que el dolor en la zona perineal y el cansancio acumulado tras el parto será un obstáculo para realizarlos. Sin embargo no debes dilatar mucho el tiempo para iniciar el entrenamiento, poco a poco, gradualmente, irás completando toda la tabla y haciendo más series a medida que las fuerzas te vayan acompañando, los puedes hacer sola en casa o mejor, si acudes a la consulta con tu matrona quien dirigirá personalmente los ejercicios en las clases de recuperación post-parto.

Convéncete de la importancia de esta gimnasia, aunque aparentemente en el plazo inmediato tras el parto no adviertas problemas, estos ejercicios no sólo tonifican la musculatura de la zona perineal evitando descolgamientos del útero y/o la vejiga (prolapsos) y las incómodas incontinencias, sino que además de ejercitar los músculos de la vagina, evitarán que sientas molestias y puedas incrementar tu satisfacción y la de tu pareja en el reinicio de las “relaciones sexuales” que de forma general , comienzan terminada la expulsión de loquios al final de la cuarentena, más o menos. El ejercicio también mejora la circulación sanguínea de la zona, de forma que aliviará las hemorroides si te han aparecido, y acelerarán la cicatrización de los tejidos dañados (desgarros y /o episiotomía)