Estoy hablando — Lets Family
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Estoy hablando

Si alguna madre no ha perdido los nervios por no poder mantener una conversación de dos minutos en la puerta del colegio mientras sus hijos le tiran de la chaqueta por ambos lados, que levante la mano.

No poder mantener una conversación con otro adulto es probablemente una de las situaciones que más nos estresa. Pero podemos buscar una solución. Aunque la impaciencia caracterizará a nuestros hijos durante los primeros años de vida, es bueno que en determinados momentos aprendan a esperar.

A ser paciente, se aprende. Lo primero que tenemos que hacer es ofrecer testimonio de paciencia nosotros mismos.

 

Además hay algunos trucos que te pueden servir en situaciones cotidianas como la que acabamos de describir:

 

  • Anticiparse es la mejor manera de prevenir: Aunque no todo podemos prevenirlo, puedes hablar con tus hijos de aquellas situaciones que con toda seguridad se producirán. Una de ellas es el momento en el que vas a buscarlos al colegio y te encuentras con varias madres con las que normalmente necesitas comentar asuntos relacionados con las clases, los niños o algún cumpleaños o plan de fin de semana. Si se lo explicas con anterioridad, será más fácil que ellos sepan tener paciencia en ese momento.
  • A veces es difícil no terminar dando un grito en una situación como esta, pero con eso lo que conseguimos es ponernos más nerviosos nosotros, a los niños y a la persona con la que estamos hablando. Si ya les has dicho una vez que por favor necesitamos que nos dejen hablar y empieza la interrupción, podemos probar, levantando la palma de la mano (señal de STOP) con firmeza. El niño entenderá perfectamente que debe parar y nosotros estaremos más relajados.
  • Tener contacto físico con ellos mientras hablamos les tranquilizará y permitirá que mantengamos la conversación. Puedes probar de dos formas: Podemos darles la mano y acariciar su mano con la nuestra, pues. El simple contacto físico les ayudará a esperar porque tienen una sensación agradable. Otro modo de hacerlo es rodear a tu hijo con tu la palma extendida de la mano en su pecho. Esta postura suele gustarles y les tranquiliza. Las caricias convertirán un momento que detestan en una situación llevadera y gratificante.
  • Si el “momento crítico” es la salida del colegio es buena idea que reconozcas lo que han hecho bien dándoles algo para merendar que les guste de manera especial, en el caso de que hayáis superado con éxito la prueba.

Acostumbrarse a tolerar los retrasos y a convivir con los imprevistos es parte del aprendizaje de la vida que nuestros hijos tendrán que hacer.