"La existencia de casos de abusos a menores es una realidad social que debe ser conocida" | LetsFamily
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“La existencia de casos de abusos a menores es una realidad social que debe ser conocida”

– ¿Hay muchos casos de abusos a menores?

Aunque cada país tiene sus propios porcentajes, los casos de abusos a menores han aumentado de forma considerable en las últimas décadas aunque la realidad es que éste tipo de actos han sucedido siempre, la diferencia fundamental radica en el aumento del número de denuncias y el descubrimiento de casos nuevos debido a que existe una mayor conciencia social. Las últimas cifras recogidas en el año 2013 hablan de una prevalencia del 5-10% de niños abusados.
En éste sentido es importante definir bien lo que se considera abuso puesto que en la mayoría de los casos suele tratarse de insinuaciones o acercamientos de tipo sexual normalmente por parte de familiares o personas que se encuentran cercanos al menor, “abusando así de su confianza” precisamente por el rol, grado de intimidad y poder que ocupa sobre él.

– ¿En qué medida debemos agobiarnos con éste asunto?

La existencia de casos de abusos a menores es una realidad social que debe ser conocida y atendida, pero esto no significa que por tanto tengamos que sospechar de todos los demás o que tengamos que vivir con miedo. Gracias a Dios, que suceda esto, no es lo normal. Sin embargo es una realidad que hay que conocer para estar atentos los adultos y poder enseñar a prevenir y defenderse a los niños.

– ¿Cuáles pueden ser las señales de alarma?

Cada caso es diferente, sin embargo existen algunos factores comunes. Al tratarse de personas de confianza para ellos, se genera mucha confusión a nivel emocional puesto que la persona que más debería de protegerles y quererles, es aquella que a la vez les hace más daño. Ésta ambivalencia, unida a la presión del agresor para no decir nada, es la que les lleva a meterse en sí mismos y no querer contar a nadie lo que está pasando, tienen miedo y no les gusta lo que sucede, sin embargo es difícil para ellos ver a su familiar o conocido como alguien malo, de modo que es más sencillo de alguna forma culparse a sí mismos o restar importancia a sus vivencias.
De modo que nos encontramos ante niños con una alta inseguridad que pueden incluso presentar reacciones de temor repentinas, como si de pronto se asustaran o sobresaltaran ante estímulos de forma desproporcionada, niños con una alta desconfianza hacia los demás, que actúan estando a la defensiva en situaciones sociales o que tienden a aislarse de su grupo de iguales. También son bastante comunes los ataques de rabia o llanto además de aparecer síntomas somáticos como dolores de estómago, diarreas, problemas de sueño, pesadillas, tics nerviosos, tricotilomanía (arrancarse el pelo), onicofagia (comerse las uñas), de pronto se vuelven bastante rígidos en sus rutinas, obsesivos o comienzan a presentar problemas en el colegio, tanto a nivel académico, disminuyendo su rendimiento, como social, aislándose de sus compañeros.
Al tratarse de un problema que genera tanta culpa, frustración y sobre todo vergüenza, a veces es difícil de detectar hasta pasado un tiempo, cuando aparecen otros problemas más complejos como un trastorno alimentario, trastorno de ansiedad, depresión, trastorno de personalidad, trastorno obsesivo-compulsivo, etc en cuya base se ha han encontrado muchos casos de abusos físicos y/o sexuales durante la infancia que no fueron detectados en su momento.

– ¿Cómo actuar si tenemos la sospecha de que se han producido abusos?

Tanto si la sospecha viene de un familiar como de algún profesor o persona cercana al niño, lo principal es parar de inmediato la situación de abuso. Para ello es fundamental denunciarlo, no solo por cuestiones legales que condenen al agresor, sino porque se trata de una situación bastante delicada para lo que es conveniente ponerse en manos de profesionales cualificados para ello. Existen determinados protocolos llevados por médicos y psicólogos que determinan la ocurrencia o no de éste tipo de abusos, cuyo fin esencial es que el niño deje de sentir miedo y pueda confiar en que las personas que le quieren van a luchar para sacarle de esa situación.
No todos los profesionales están preparados para afrontar ésta clase de problemas y a veces puede hacerse más daño que bien por lo que es importante acudir a la persona correcta. Una vez se ha alejado al niño de la situación de riesgo y se han tomado medidas sancionadoras, es importante trabajar con él y con la familia para evitar las secuelas que esto deja a su paso. Es un trabajo lento y doloroso para las víctimas y, por tanto, cuanto antes se haga, menos complejo será el proceso.

– ¿Cómo podemos enseñar a nuestros hijos a protegerse de un posible abusador?

Es importante tener en cuenta dos aspectos. El diálogo por un lado y la escucha y apoyo por otro. Es importante advertir a nuestro hijo de los posibles peligros para que pueda prevenir este tipo de situaciones puesto que lo único que cambia es el lenguaje que utilizamos en función de la edad. Es importante que no hablen con desconocidos ni acepten nada de personas por la calle, que traten de ir acompañados y se ayuden y protejan entre ellos. Se puede enseñar este tipo de cosas sin necesidad de asustar. Y también es importante la confianza y el apoyo, interesarnos por ellos, su vida, sus cosas para que, si se sienten mal o tienen algún problema sepan que tienen un apoyo con el que contar. Los padres deben recordarles que se les quiere y que son importantes al igual que lo son sus preocupaciones y sus miedos.

– ¿Qué es lo que nunca deberíamos hacer?

En algunas ocasiones, el “shock” es tan grande y la situación tan dolorosa, que algunas familias pueden llegar a “obviar” el problema como mecanismo de defensa, tratando de hacer como si no hubiera ocurrido o restándole importancia como consecuencia del miedo al afrontamiento. Se trata de una situación muy grave y con enormes consecuencias emocionales para el niño que las vive por lo que es imprescindible que sean los adultos quienes se hagan cargo de resolverla de la mejor forma.
Si ya existe una confirmación de que se están sucediendo los abusos o han sucedido, es importante respetar los tiempos del niño: está asustado y ante todo siente culpa y vergüenza además de ese miedo, probablemente no entienda lo que sucede y piense que es algo que ha generado él. Por tanto no podemos obligarle a que cuente nada que no quiera contar ni darle nada que no necesita. Lo esencial es devolverle la seguridad que le ha sido quitada, devolverle la sensación de que tiene personas a su alrededor que le quieren y que le protegen para que pueda dejar de sentirse vulnerable y por tanto se sienta confiado de contar lo que le pasa. Si se le fuerza a contar las cosas, lo más probable es que se cierre en sí mismo y lo niegue o le reste importancia.
A veces lo que sucede es que, tras descubrir el problema, se resuelve a nivel legal y después se “entierra” siguiendo la idea de que el niño no querrá hablar sobre el asunto nunca más o quizás por miedo a herirle se evita el tema. Seguramente tanto para el niño como para la familia resultará difícil hablar sobre lo sucedido, pero las secuelas emocionales pueden llegar a ser muy graves si no se trabaja con la ayuda de un profesional cualificado para ello y, cuanto antes se trabaje, menos posibilidad habrá de que se desarrollen problemas más adelante.

María Inmaculada Gortázar Ibáñez-de la Cadiniere
Directora y Terapeuta Familiar del Instituto ITP
www.institutoitp.com