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La meningitis

El término meningitis, debido a la gran mortalidad que ha ocasionado y a las secuelas irreversibles que ha producido a nivel auditivo y sobre todo cerebral en forma de parálisis y retraso psicomotor en el peor de los casos, es una enfermedad aguda que se caracteriza por la inflamación de las meninges, ocasionada por una infección producida por bacterias y virus y que puede afectar a cualquier persona independientemente de su edad. Los niños por presentar menos anticuerpos frente a los gérmenes habituales, son los más expuestos a esta enfermedad.

Clínicamente la forma de presentación variará según la edad del niño, así, cuanto más pequeño sea, la sintomatología será menos típica. En los lactantes pequeños podemos encontrarnos con fiebre alta o con hipotermia (temperatura corporal inferior a 36,5ºC), la presencia de vómitos suele ser típica por la irritación meníngea y se suele acompañar de irritabilidad, rechazo del alimento y cuando la fontanela aún está abierta, ésta se presenta abombada, signo típico a estas edades tan tempranas de la vida.

Conforme el niño crece, los síntomas son más claros presentando además de la fiebre y los vómitos, una rigidez típica de la nuca que no se suele dar en los lactantes pequeños, acompañada normalmente de dolor de cabeza y deterioro del estado general. Los gérmenes causales de las meningitis suelen ser bacterias y virus si ésta es de origen vírico, normalmente la evolución es mucho más benigna.

La meningitis se produce porque en un momento determinado su agente causal anida e infecta las meninges sin encontrar respuesta defensiva del niño. Esta defensa puede ser activa, mediante la lucha del niño contra el agente agresor, evitando que infecte las meninges, o pasiva, mediante la administración de las vacunas que protegen contra las bacterias más agresivas y frecuentes que pueden ocasionar meningitis, aunque a pesar del tratamiento, las complicaciones y secuelas son frecuentes.

En la actualidad, disponemos de vacuna contra los meningococos tipo C (se administra a los 2, 6 y 18 meses), el hemofilia influenza (vacuna a los 2, 4, 6 y 18 meses) y el neumococos, cuya vacuna es administrada con coste a la administración solo en casos muy concretos. Por contra, existen otros gérmenes de los que no disponemos vacunas en la actualidad como el Meningococo B, aunque se está ensayando una vacuna para dicha bacteria.

Su frecuencia es importante y su cuadro clínico además de todo lo anteriormente reseñado, se caracteriza por la aparición de unas manchas en la piel que no desaparecen al apretarlas. Si un niño padece una meningitis o una sepsis (infección de la sangre) por el meningococo, se recomienda que todos los contactos próximos reciban una profilaxis, normalmente de un antibiótico para evitar que desarrollen la enfermedad.

La meningitis es una enfermedad grave pero que en la actualidad gracias a los antibióticos y a las medidas de apoyo de que disponemos en las Unidades de Cuidados Intensivos Pediátricos, lo normal es que el niño salga adelante sin complicaciones, siendo muy importante el diagnóstico precoz de la infección mediante la realización de una punción lumbar que nos dará el diagnóstico.