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La personalidad de los mellizos: mitos y verdades

No hay un “mellizo mayor”        

Para empezar, cuando se trata de hermanos mellizos o gemelos, hay que abandonar la idea de que hay uno mayor que el otro: la estructura de la personalidad de los hijos de acuerdo con el orden de nacimiento no se produce de la misma manera con esta pareja de hermanos. Por más que uno de los dos haya nacido unos minutos antes que el otro, es falso que por ello haya que considerarlo “hermano mayor”. Incluso existe el mito opuesto, que sostiene que el que nace último se gestó y se anidó primero (cosa, por supuesto, imposible de comprobar).

Una familia aparte

Lo cierto es que los mellizos conforman una pequeña sociedad dentro de la sociedad mayor que es la familia. Es muy posible que sean sumamente cómplices, a veces hasta desarrollan un lenguaje propio en la primera infancia llamado criptofasia, y de cualquier manera, al compartir tantas experiencias y recibir una crianza por fuerza muy similar, son más parecidos entre sí que otros pares de hermanos, especialmente si se trata de gemelos del mismo sexo.

Empatía sí, simbiosis no

Sin embargo, el hecho de que los mellizos desarrollen una especial sensibilidad hacia su hermano, no significa que sea verdad ese mito de que “a uno le duele si al otro le duele”. ¡No existe tampoco la telepatía entre gemelos! Simplemente se trata de hermanos que han crecido juntos y que comparten más que otros niños por su misma edad, que es posible que alcancen ciertos hitos del desarrollo prácticamente al mismo tiempo, y que mantengan una relación estrecha toda la vida.

¿Por qué son tan parecidos?

Los padres somos quienes a veces tendemos a tratar a nuestros hijos mellizos como una unidad. En todo caso, somos conscientes de que es importante que cada uno desarrolle su personalidad, pero para permitírselos debemos hacer un esfuerzo. Por otro lado, así como los hermanos mayores y menores lidian con padres muy diferentes (por más que seamos las mismas personas, la experiencia de la maternidad y la paternidad nos cambia profundamente de un hijo al otro), los mellizos sí comparten una crianza y experiencias de vida casi idénticas.

Pero si fomentamos en cada niño la individualidad, que desarrolle sus propios gustos y preferencias, y que comparta con nosotros algunos momentos por separado de su hermano mellizo, veremos cómo con el correr de los años cada uno de ellos se irá diferenciando y adquiriendo su propia personalidad única. 

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