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Los tics se agravan cuando aumenta el estrés

Los tics, que afectan aproximadamente al 20% de niños y niñas, constituyen el trastorno del movimiento más habitual en la infancia. La prevalencia de este trastorno de carácter benigno es tres veces mayor en niños que en niñas. Aparecen entre los 6 y 10 años y son de mayor intensidad entre niños cohibidos y tímidos. Los tics se presentan varias veces al día, en ocasiones casi a diario.

Se pueden definir como movimientos involuntarios, de corta duración, no rítmicos, bruscos y repetitivos. Quienes los padecen sólo los pueden evitar si, cuando perciben que van a sufrir un tic, se concentran y los controlan, aunque sólo se logran detener por tiempo limitado. No obstante, otras veces no da tiempo a dominarlos.

La causa de los tics no se ha determinado todavía. Se barajan varias hipótesis, como el exceso de dopamina (sustancia química del cerebro) en el organismo o una sensibilidad aumentada a la misma; también se ha esgrimido la teoría de un funcionamiento defectuoso de los ganglios basales en el cerebro o de una disfunción de la transmisión nerviosa. El hecho de que tengan más incidencia en niños que en niñas hace pensar en una posible influencia de la testosterona. Las posibles causas genéticas también han sido objeto de estudio, y mientras para unos el papel de los antecedentes familiares es muy discutido y no resulta relevante en el origen de los tics, para otros, que basan su argumentación en estudios realizados con parejas de gemelos, el papel de la herencia es importante. También se atribuyen los tics a factores ambientales y de aprendizaje, sobre todo dentro de la familia. Los tics se agravan en condiciones de estrés, ansiedad, fatiga, irritabilidad, y aumentan en presencia de familiares y amigos íntimos, mientras que se reducen al realizar actividades absorbentes que no producen ansiedad. Se puede decir que los tics aumentan con el estrés, disminuyen con la relajación y desaparecen durante el sueño.

Si tu hijo tiene tics no le riñas. Se aconseja que los padres tranquilicen al niño si pregunta sobre su problema y eviten en la medida de lo posible aquello que le genere presión o tensión.

Si los padres no prestan especial atención a los tics y los consideran como algo normal y pasajero, la evolución suele ser buena y en un plazo que habitualmente varía entre unos meses y un año cesan sin dejar secuelas. Lo habitual es que desaparezcan durante la adolescencia.

Es preferible no medicalizar el problema del niño, ya que se considera contraproducente todo lo que le lleve a prestar atención a sus tics.

No obstante, hay ocasiones en las que sí se recomienda ir al pediatra y al especialista:

  • Si los estudios se ven alterados.
  • Cuando los tics interfieren con sus amistades.
  • Si se acompañan de tos persistente.
  • Los tics afectan a partes del cuerpo que no son las habituales (cabeza, cara y hombros).
  • Su intensidad o frecuencia aumentan.
  • La duración es superior a un año.

La mayoría de los casos de tics se resuelven espontáneamente, pero en algunos casos el tratamiento especializado puede ser necesario. La medicación ataja el síntoma, pero no elimina la causa de los tics. Se han utilizado neurolépticos, tranquilizantes, relajantes, etc. que resultan eficaces, pero al abandonarlos se producen recaídas. Los métodos psicológicos y, en concreto, los de autocontrol, resultan muy útiles para los tics. Afortunadamente pocos niños precisan tratamiento, la gran mayoría dejan de sufrir tics de forma espontanea.

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