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Niño en hospital

13 de mayo: Día del niño hospitalizado

El 13 de mayo se celebra el día del niño hospitalizado. Un día para recordar, hoy más que nunca, a esos niños que pasan su día a día en la habitación de un hospital. Hemos querido imaginar cómo podría ser este 13 de mayo en la vida de uno de estos niños hospitalizados.

 

Un día en la vida de un niño hospitalizado

 Despertándose por la mañana

El pequeño se levanta cansado. Ha dormido poco porque las enfermeras han tenido que entrar cuatro veces en su habitación durante la noche para atenderle a él y a su compañero de habitación. Se ha enterado de que los demás niños ya pueden salir a la calle a pasear con sus padres, sin embargo, él sigue “confinado” entre las paredes del hospital y no tienen ni idea de cuándo será el día de su desconfinamiento.

Lo primero que hace es desayunar. Le han puesto un cola-cao con galletas y un trozo de fruta. Su mamá le dice que se tiene que comer todo porque así tendrá más fuerzas y podrá recuperarse antes de su enfermedad.

Hora del cole

Tras desayunar, el niño se lava y se peina, pero no tiene que pensar en la ropa que se tiene que poner. El pijama azul le acompaña todo el día. Toca la hora del cole. Para él es el mejor momento del día. Es entonces cuando puede ver a otros niños (y ahora amigos) que están hospitalizados en su misma planta. En el hospital no hay muchos momentos de alegría, pero los que hay son muchos más intensos que los que puede experimentar una persona que no está ingresada. La profesora y los compañeros del cole del hospital contribuyen a que aparezcan esos pequeños momentos de felicidad. Hoy toca lectura, lo que más le gusta. Al finalizar la clase, suelen hacer algún juego con el que todos se lo pasan pipa.

Vuelta a la habitación

Son las 12:15 de la mañana y todavía queda una hora y quince minutos para que llegue la comida. Una hora y cuarto que al pequeño se le hace eterna y le sirve para pensar en sus amigos, esos que están fuera disfrutando de un agradable paseo con sus padres. Además, el día es luminoso y soleado y daría lo que fuera por estar en la calle con ellos. Su madre sólo piensa en cómo entretener al pequeño: ver televisión, leer un libro con él, jugar a las cartas… cualquier cosa vale para que tenga su mente ocupada.

Hora de comer

¡Por fin llega la hora de comer! Hoy está contento porque tiene tortilla francesa con queso de primero y albóndigas de segundo. Y lo mejor es que de postre toca, además de una pieza de fruta, natillas. Como tiene hambre y le gusta lo que le han puesto, da buena cuenta de la comida en un abrir y cerrar de ojos.

Una buena siesta en la sobremesa

Entre lo poco que ha dormido por la noche, y que está lleno después de haberse comido todo lo que le han puesto, al niño le atrapa el sueño sin que él pueda hacer nada por remediarlo. Los párpados le pesan cada vez más hasta que cae en un profundo sueño. Cuando despierta ya no está su madre con él, ya que su padre ha tomado el relevo. Su padre le dice que ha estado durmiendo más de dos horas y el niño le cuenta que ha soñado que se encontraba en una playa muy bonita recogiendo conchas para regalárselas a sus abuelos.

Una tarde muy larga

Al oír la palabra “abuelos”, el padre sugiere hacer una llamada por videoconferencia con ellos. Al pequeño le parece una fantástica idea. Se alegra de que, por lo menos, la tecnología le permita ver a sus abuelos y a sus amigos cuando quiera. Habla con los cuatro abuelos. Todos le dan ánimos y le dicen que pronto saldrá del hospital y se podrán ver en persona. Cualquier mensaje de esperanza saca una sonrisa al pequeño.

Tras hablar con los abuelos, llega otro de esos tiempos muertos en los que ni padre ni hijo saben qué hacer. Además, el día fuera es caluroso y eso se percibe dentro de la habitación. Al final, deciden que van a salir a pasear por el pasillo del hospital ahora que no hay nadie. Pasean durante veinte minutos. Son veinte minutos en los que no para de contarle a su padre todas las cosas que hacía con sus amigos en el colegio y fuera de él. Lo que más le gustaba, sin duda, era jugar al fútbol con ellos. Le cuenta que él es delantero y que es el que más goles marca de su clase.

El paseo le ha sentado bien. Falta una hora y media para que llegue la cena. El niño busca entre sus libros y decide coger uno que le regaló su abuela hace unos días. Leer es lo que más le gusta del mundo porque le permite meterse en otros mundos y salir durante un rato del hospital, aunque sea con la imaginación.

La cena y a dormir

La cena no le hace tan feliz como la comida. Hoy toca de primero puré de verduras que no es, precisamente, uno de sus platos preferidos. Tras quejarse un rato, su padre le convence para que se coma por lo menos la mitad. El pequeño acepta a regañadientes porque de segundo hay pollo, una comida que le encanta. Tras la cena, el padre le dice que se tiene que ir y se despide de su hijo. Este apaga la luz y, tras hablar un rato con su compañero de habitación, poco a poco se va quedando dormido, y piensa que tal vez mañana sea el día en el que le comuniquen el alta. El 13 de mayo, día del niño hospitalizado, llega a su fin.