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¿Afecta el orden de nacimiento la personalidad de tu hijo?

Que el hijo mayor es siempre el más aplicado y responsable, que los hijos del medio se sienten relegados, que el pequeño es un mimado, que los hijos únicos son caprichosos y egoístas… circulan muchos dichos acerca de cómo el orden de nacimiento puede influir en la personalidad futura. Pero, ¿qué hay de verdad en ello? ¿Hasta qué punto la manera de ser de los niños se ve alterada por si tienen o no más hermanos?

Diferentes hijos, diferentes padres

Algo en lo que los psicólogos están de acuerdo es que los hermanos siempre son diferentes entre sí. Un hermano menor hará esfuerzos (conscientes o inconscientes) por diferenciarse del hermano mayor. Pero lo más importante a la hora de estructurar la personalidad en la infancia radica en la atención y dedicación que ponen los padres en cada hijo. Por lo general, los primogénitos reciben atención exclusiva, más expectativas, miedos, presiones… en cambio, los hijos que vienen después son educados por padres más relajados, que además de dividir su atención entre ellos y sus niños mayores, ya no tienen tantos temores ni dudas.

Esto hace que, en efecto, se repitan ciertas tendencias que han sido comprobadas por diferentes estudios. Por ejemplo, que los hijos mayores tengan más capacidades de liderazgo, que los hijos menores sean más creativos, o que el hijo único tenga facilidad para relacionarse con los adultos (al no haber crecido con otros niños en casa).

Posibles excepciones

No todas las familias son iguales, y el orden de nacimiento podría resultar mucho menos determinante en casos como los de familias ensambladas –donde, tal vez, un hijo que siempre fue el mayor de repente deba lidiar con un hermanastro de su misma edad–, hijos adoptivos que llegan a casa cuando ya tienen algunos años, gemelos o mellizos, donde ninguno es “el mayor” sino que ambos forman una “sociedad” en sí misma.

También hay excepciones cuando los hermanos se llevan muchos años. Un hijo que se convierte en hermano mayor cuando ya tiene 7 u 8 años, posiblemente tenga una personalidad más parecida a la del hijo único, puesto que siéndolo ha transcurrido buena parte de su infancia.

La personalidad no está determinada

¡El orden de nacimiento no es el único factor a tener en cuenta! Las características de los padres, el estilo de crianza que adoptan, el género, todo ello influye muchísimo en la manera en la que los niños forjan su carácter.

Por último cabe aclarar que el hecho de que las personas tengamos ciertas tendencias a desarrollar tal o cual faceta en nuestra personalidad (liderazgo, responsabilidad, rebeldía, inmadurez, etc.) no predetermina quiénes somos. Todos estamos en condiciones de cambiar nuestra forma de ser con fuerza de voluntad, especialmente aquellos rasgos que no nos gustan. Como padres, también debemos enseñar a nuestros hijos a convertirse en la persona que quieran realmente llegar a ser, más allá de cuántos hermanos tengan.