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Amigos imaginarios, ¿existen de verdad?

Cuando tu hijo te dice que aún no puede irse a la cama porque está tomando el té con Boliche, su amigo imaginario, es posible que salten las alarmas.

En situaciones como esa muchos padres se preocupan pensando que quizá ocurre algo en la mente de su pequeño que es normal. Sin embargo, se trata de un fenómeno mucho más común de lo que creemos, y puede resultar incluso sano para los más pequeños. Según los psicólogos especializados en el área infantil, alrededor de tres de cada diez niños de entre 3 y 6 años crean un amigo imaginario con el que juegan, hablan, inventan historias… Porque en realidad, la función de la figura del amigo imaginario es esa: servir de “prueba”, como una especie de ensayo antes de relacionarse con amigos de verdad.

En cuanto a la pregunta de si existen de verdad, los especialistas responden con un sí y con un no al mismo tiempo. La razón es que el niño sabe que su amigo es imaginario, es decir, que es una fantasía, pero insistirá es que ese amigo imaginario es real. La razón es que juega con él como si su compañero de aventuras fuera real, pero sabe que no lo es. Por eso su amigo existe y al mismo tiempo, no existe de verdad. Su apariencia puede ser la de un muñeco, un osito de peluche o cualquier otro objeto, pero también es posible que no tenga ninguna forma y sea completamente invisible para él y para los demás.

Lo importante, según los psicólogos, es que se trata de una herramienta con la que aprenden muchas cosas. Entre ellas, a ensayar la empatía, poniéndose en el lugar del otro y relacionándose a su manera con los demás. Y a ser consciente de que él no es el centro del universo aunque todos estén muy pendientes de lo que hace. Por último, el amigo imaginario le proporciona compañía y le ayuda a desarrollar el juego en equipo.

 

¿Cuándo hay que preocuparse?

Aunque los especialistas insisten en que un amigo imaginario es una especie de juego totalmente inofensivo para el niño e incluso beneficioso en casi todas las ocasiones, a veces puede crear algunos problemas que hagan necesaria la consulta con un profesional. Esa consulta no estaría de más en estos casos:

 

  • Cuando el niño no se relaciona con nadie más, solo con su amigo imaginario.
  • Si le impide hacer actividades cotidianas.
  • Cuando únicamente quiere que lo dejemos solo, en compañía de su amigo imaginario.