Ayuda a tu hijo a superar sus temores

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Todos los niños manifiestan miedo en algunos momentos. Estos temores suelen ir cambiando conforme crecen (de pequeños, a la oscuridad; en edad preescolar, a los monstruos, etc.), y si bien suelen mejorar y desaparecer con el tiempo, pueden ser una fuente de ansiedad. Los padres tenemos la capacidad de ayudarlos muchísimo… y también de favorecer que ciertos miedos se instalen. Aquí te contamos qué puedes y qué no deberías hacer.

Actitudes que ayudan

Lo primero que debemos hacer como padres es escuchar a los niños, permitirles expresar sus miedos y mostrarles apoyo. Hacedle saber a vuestro hijo que lo comprendéis y que estáis junto a él, más allá de que no haya un peligro real del cual tener miedo. Los abrazos, las caricias y el contacto físico hacen maravillas para ayudar al niño a sobreponerse a los temores.

Muchas veces funciona la exposición gradual a aquello que el niño teme, si bien no hay que forzarle. Es mejor esto en lugar de evitar por completo el estímulo que le causa temor. Si tu hijo te cuenta que tiene miedo a los payasos, puedes comenzar por explicarle que un payaso es únicamente un hombre disfrazado para entretener a los niños, que detrás del maquillaje y la ropa chistosa hay solo un padre que trabaja de eso. Podéis ver juntos fotografías de alguien maquillándose de payaso, o incluso colocaros vosotros narices rojas. Por último, y siempre que el niño se sienta un poco más seguro, podéis conversar juntos con un payaso para que el niño se dé cuenta de que es solo una persona más.

Actitudes que debes evitar

En primer lugar, procura no transmitir a tu hijo tus propios temores irracionales o fobias, pues los niños tienden a imitarlos y copiarlos. Por ejemplo, si no te gustan para nada las arañas, evita hacerle el comentario al niño.

No te burles ni deseches la fuente de temor del niño: recuerda que aunque el peligro sea imaginario, el sufrimiento es muy real. Tampoco deberías nunca amenazar al niño con aquello que le produce temor. Los miedos infantiles no deben ser usados como castigos pues lo único que conseguirás será que se instalen más profundamente.

Cuándo pedir ayuda

Si determinado miedo de tu hijo no mejora con el paso del tiempo, si observas síntomas físicos asociados a la fuente del miedo -tales como temblor, palpitaciones, desmayos, náuseas o vómitos- o si el temor es tan grande que impide que el niño siga adelante con su vida cotidiana, se puede decir que estamos en presencia de una fobia infantil. Lo mejor, en ese caso, será recurrir a un especialista.

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