¿Cómo elegir el calzado infantil?

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Acertar con la talla, mirar los materiales y las terminaciones, que sean ergonómicos... cuando hablamos de los zapatos de los niños no solo hay que fijarse en la estética. Te contamos cómo elegir el calzado perfecto para tus hijos.

¿Cómo acertar con la talla?

Hay que probárselos de pie y con el tipo de calcetín que lleve habitualmente o sin ellos si es verano. Abrimos bien el zapato, se lo ponemos de manera que su dedo más largo (no tiene por qué ser el gordo) toque la punta y nos aseguramos de que cabe nuestro dedo entre el talón y el final del zapato. Así, el pie tendrá espacio para poderse mover dentro del calzado, pero, al mismo tiempo, estará bien sujeto. Hay que resistir la tentación de comprárselos “crecederos”, porque le restaríamos libertad de movimientos. También hay que asegurarse de que la parte trasera no se sale al caminar. Lo mejor es que le probemos los dos zapatos a la vez y le dejemos un ratito con ellos puestos para ver cómo se mueve o si está molesto.

 

¿Qué modelo elegir?

Los zapatos infantiles deben tener la parte delantera redondeada o cuadrada, pero no alargada como la de los adultos para que no les oprima los dedos. Cuando son pequeñitos, mejor con belcros que con cordones, ya que así pueden aprender a ponérselos y quitárselos solos y no se tropezarán si se les sueltan. Lo ideal es que el zapato tenga un empeine bastante ancho y que sujete bien el pie. Las botas no son adecuadas para niños que dan sus primeros pasos, ya que impiden que los huesos y músculos del tobillo se formen adecuadamente. En cuando a las bailarinas, chanclas y demás, tampoco son zapatos adecuados para el día a día, ya que obligan al pie a hacer un esfuerzo de “agarre” para que no se salgan que es contraproducente. Lo ideal es buscar un modelo anatómico que disponga de una plantilla con la forma del pie (huir de los modelos excesivamente ortopédicos) y que sean lo más flexibles posible (lo sabremos si la parte delantera se dobla con facilidad).

 

Los materiales

Lo ideal es que sean de un material traspirable y natural como la piel. En verano, los zapatos de lona son muy cómodos, pero suelen tener la plantilla demasiado plana, por lo que no se aconseja su uso para todos los días. Lo mismo pasa con las deportivas. Son un buen calzado, pero pueden favorecer la sudoración, por lo que habría que alternar su uso con otros zapatos. Para las suelas, el mejor material es la goma, ya que al ser antideslizante, evitará caídas y resbalones. También hay que vigilar que las costuras internas del zapato no le provoquen rozaduras. Finalmente, recordar que no es bueno que los niños hereden los zapatos de unos a otros, ya que cada persona, con nuestra forma única de cambiar, deformamos los zapatos de una manera concreta y eso puede perjudicar al desarrollo del que hereda.

 

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