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¿Cómo se corrige el tartamuedeo?

Cada 22 de octubre celebramos el Día Mundial de la Tartamudez, una fecha para dar a conocer un problema que puede solucionarse si se siguen algunas orientaciones

Suele comenzar cuando el niño está adquiriendo el lenguaje, entre los dos y los cuatro años. Y aunque no se sabe con exactitud qué provoca el tartamudeo, parece que hay un componente genético, ya que se da más en hombres que en mujeres y es frecuente que se encuentren varios casos en una misma familia.

La buena noticia es que entre los dos y cuatro años no se considera un trastorno importante porque en un porcentaje bastante elevado los síntomas desaparecen por sí solos, sin necesidad de intervención. El factor clave que va a determinar que el problema se agrave es si el niño se da cuenta o no de su habla. Si lo hace, las repeticiones de sílabas o palabras probablemente se irán haciendo más frecuentes y se acompañarán de tensión al hablar, bloqueos, respiraciones anómalas e incluso movimientos faciales. Por eso, si los padres detectan problemas en la fluidez – interrupciones como bloqueos, repeticiones y/o prolongaciones de sonidos, de sílabas o de palabras-, siempre es buena idea tener en cuenta una serie de recomendaciones:

  • Mantener un estilo de habla tranquilo. Dicen los especialistas que no solo no conseguimos nada poniéndonos nerviosos cuando vemos que nuestro hijo se traba en una palabra sino que además no le hacemos ningún favor. Lo más importante es no transmitirle intranquilidad, de forma que se sienta seguro y confiado.
  • No dirigirnos a él o ella con prisa. Mantener un ritmo tranquilo en el habla cuando charlemos con él o ella, sin prisas ni estrés, también puede ayudar. Hablarle de forma rápida y acelerada solo contribuye a empeorar el problema.
  • No terminar sus frases. Sin darnos cuenta, es probable que acabemos la frase en la que se atasca pensando que así le echamos una mano. Sin embargo, actuando de esa manera conseguimos lo contrario de lo que buscamos. Lo mejor es dejarle acabar sus frases, incluso aunque tengamos prisa y tardemos un ratito más en conseguir una respuesta a nuestra pregunta.
  • Mantener una actitud relajada y positiva. Procurar no interrumpirle ni presionar para que hable más rápido es otra regla de oro recomendada los especialistas.
  • Ni corregirle ni criticarle ni tratar de cambiar su habla o su pronunciación. Se trata de darle confianza y no de desanimarle, por lo que los especialistas aconsejan dejar las críticas a un lado.

Entre el 65 y 86% de los problemas de fluidez desaparecen en los dos años posteriores a su aparición, sobre todo si ponemos en práctica estas orientaciones. Sin embargo, si nuestro hijo o hija llega a los cinco años manteniendo las dificultades propias de la tartamudez, lo mejor es acudir a un profesional para que nos ayude a resolver el problema.

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