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Cómo y por qué inculcar buenos modales en la mesa

Cómo y por qué inculcar buenos modales en la mesa

Predica con tu ejemplo

Los bebés aprenden mucho más de lo que demuestran, y la mejor manera de enseñar buenos modales es mostrando a nuestros hijos cómo comemos nosotros en casa. Si quieres que mastiquen con la boca cerrada, que utilicen servilleta y que no se levanten hasta que hayáis terminado todos, hazlo tú primero. Recuerda que los buenos modales incluyen también no estar pendientes del móvil mientras cenamos en familia.

Dos palabras mágicas

No puedes pretender que un niño pequeño  utilice rebuscadas fórmulas de cortesía para pedir agua o una porción más de postre. Pero sí, desde que comience a hablar, puedes solicitar que las cosas se pidan “por favor” y decir “gracias”. Son dos palabras muy simples que causan una muy buena impresión en todos los demás.

Los modales y la salud van de la mano

Hay un motivo por el cual las buenas costumbres en la mesa se transmiten de generación en generación, y es que muchas veces no se trata solo de cortesía sino de higiene. Lavarse las manos antes de comer, utilizar cubiertos (desde que el niño sea capaz de manipularlos ), masticar la comida varias veces antes de tragarla, todo ello no solamente es señal de educación sino que sirve para cuidar nuestra salud.

Explica la importancia de los buenos modales

No te limites a imponer una lista larga de reglas, es bueno que los niños sepan por qué hay que tener determinados hábitos a la hora de comer. “Si esperas a que todos estemos sentados para comenzar a comer, tenemos más tiempo para compartir la mesa”, “Preguntar quién quiere el último bocadillo antes de tomarlo demuestra que te interesas por los demás”. Son estas pequeñas prácticas los que permiten desarrollar la empatía y la solidaridad en casa.

Elogia el buen comportamiento

Finalmente, recuerda que se atrae más moscas con miel que con hiel. Si cuando estáis sentados a la mesa pasas el rato regañando a tus hijos, la hora de la comida se transformará en un suplicio para toda la familia. En su lugar, es preferible remarcar cada vez que los niños se comportan de manera apropiada, ponderando los comportamientos esperados: “qué bien colocaste tu servilleta en tu regazo, así no se te ensucia la falda”, “has sido muy amable al servirnos el agua a todos antes de beberla tú”. De esta forma los niños aprenderán y naturalizarán la mejor manera de comportarse al comer.