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Dos años: quiere hacer todo solito

Alrededor de su segundo cumpleaños, nuestro hijo ya ha dejado de ser un bebé. Su creciente autonomía –como poder comer con cubiertos, dejar el biberón y, en algunos casos, comenzar a controlar esfínteres- van de la mano con un importante desarrollo de su personalidad, que se refleja en el deseo de separar su voluntad de la de nosotros, los padres.

Una etapa de cambios

Durante su segundo año de vida, los niños pasan de dar sus primeros pasitos a caminar con soltura, correr, saltar y hasta subir escaleras. De sus primeros balbuceos “ma-ma” o “te-te” a mantener conversaciones inteligibles, a veces con frases de dos o tres palabras. De dormirse con el pecho o el biberón a comer con cubiertos sentados a la mesa. De manipular objetos y golpearlos unos contra otros a los primeros juegos simbólicos. En efecto, los dos años son una etapa que encuentra al bebé transformado en un niñito o una niñita con ansias de descubrir el mundo –y de hacerlo por sí mismo.

Cada vez más autónomos

A esta edad, los niños comprenden muy bien nuestras indicaciones, pero no siempre las obedecen. En ellos está muy fuerte la voluntad de diferenciarse de mamá y de papá, de manifestar sus gustos y preferencias. Se dan cuenta de su creciente independencia y quieren demostrarnos a nosotros que pueden hacer las cosas por sí mismos. Por eso es tan común escucharlos decir “puedo solo”… aunque a veces no puedan, o no hagan las cosas tan rápido como nos gustaría a los mayores.

La contracara: los berrinches

¿Has escuchado hablar de los “terribles dos años”? En efecto, alrededor de esta edad suelen aparecer los famosos berrinches o pataletas infantiles, que no son otra cosa que la expresión desbordada de una emoción, tal como enojo o frustración, que nuestro niño siente con intensidad pero que no sabe poner en palabras. Justamente, los berrinches surgen cuando el deseo de independencia del niño entra en cortocircuito con su dependencia. Se enfadan porque no los dejamos hacer algunas cosas por sí solos (como cortar la comida con cuchillo), y también se enfadan cuando quieren hacer algo y aún no lo consiguen (como abotonarse el cárdigan).

¿Cómo ayudarlos?

Es importante fomentar su independencia, permitiendo que hagan por sí solos todo aquello de lo que son capaces, aún si les lleva tiempo o si los resultados no son exactamente lo que esperábamos: si un niño quiere servirse él mismo el agua, no debemos regañarlo porque salpique un poco el mantel. Por otro lado, sí debemos ser muy firmes con los límites en todo aquello que implica un riesgo: por más que el pequeño quiera viajar en el asiento delantero del coche y haga un berrinche cuando pretendemos que vaya en su butaca infantil, eso no es algo que se pueda negociar.