Educación: la importancia de hablar en positivo a los niños

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Nos pasamos tanto tiempo enseñando normas y límites a nuestros hijos que a veces se nos olvida lo importante que es hablarles resaltando los aspectos positivos. Estas estrategias nos ayudan a tenerlo presente.  

No te limpies con la mano, no cruces, no se pega… Piénsalo. ¿Cuántas veces le dices a tu hija o a tu hijo lo que no tiene que hacer o lo que está mal cada día? Y eso a pesar de que sabemos que, en educación, las prohibiciones no son ni la mitad de eficaces que los estímulos positivos.

La forma que tenemos de comunicarnos con nuestros hijos determina cómo es nuestra relación con ellos como padres. Y es fundamental en la construcción del discurso interior del niño, en la manera en que se explica y organiza sus experiencias vitales y en su percepción de sí mismo.

Con nuestra manera de expresarnos podemos contribuir a que crezcan con autoestima e iniciativa y sean más felices. ¿Cómo lo hacemos?

En primer lugar, con nuestra manera de escucharles. Un niño que se siente escuchado y respetado se sabe querido. ¿Y cómo es una escucha positiva? Es la que se produce cuando prestamos atención al niño de verdad: mírale a los ojos, acompaña lo que dice con tus gestos, no te pongas a hacer otras cosas mientras te habla, deja que termine sus frases sin interrumpirle.

En segundo lugar, con nuestra manera de dirigirnos a ellos. Mantén el contacto visual, deja que él también se exprese -no monopolices la conversación-, lanza preguntas abiertas que pueda responder con algo más complejo y extenso que un sí o un no, utiliza un tono suave, mantén el contacto físico dándole la mano o con una caricia.

También conviene que prestemos atención a las palabras que utilizamos para comentar las experiencias del día a día. Fíjate en el tipo de expresiones que más aparecen en tus conversaciones. ¿Te fijas en lo bueno o en lo malo? ¿Empleas adjetivos motivadores, como “bonito”, “genial”, “divertido”, “riquísimo” o “interesante”? ¿Hablas de ti como te gustaría oír a tu hijo hablar de sí mismo?

Intenta destacar lo que hace bien. En el momento (“qué alto te has subido al tobogán”, “es genial que compartas tu pelota con tu amigo”) y al final del día. La hora de la cena es un momento estupendo para repasar las experiencias felices y las situaciones en las que sentimos que hemos actuado como debíamos a lo largo del día. También para hacer planes estimulantes para el día siguiente.

“Gracias” y “por favor” no son palabras de uso exclusivo de los niños. ¿Se las dices a tu hijo lo suficiente?

Y, algo muy importante: en lugar de decirle lo que no quieres que haga, ¿por qué no le dices lo que sí te gustaría que hiciera?

  • En lugar de “no cruces”, “espérame para cruzar”.
  • En lugar de “no se pega”, ¿qué tal “los amigos se tratan bien” o “entiendo que estás enfadada. Cuando te pase eso, antes de pegar a otro niño cuenta hasta diez”?  
  • En lugar de “no corras”, mejor “vete más despacio, cariño, quédate cerca de mí”.
  • En vez de “no te metas la mano en la boca”, “hay que lavarse las manos antes de chuparlas, que tienen muchos microbios”.

Seguro que a ti se te ocurren mil ejemplos cotidianos más en los que poner una pizca de energía positiva, amor y cariño en la comunicación con los niños. ¡Cuéntanoslo!

 

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