Educación musical, ¿por qué es importante? — Lets Family

Educación musical, ¿por qué es importante?

Desde muy pequeñitos, la música llama tanto su atención que en cuanto son capaces de controlar sus movimientos, intentan seguir el ritmo con su cuerpo.

Se trata de un gusto innato por la melodía que muchos niños desarrollarán después aún más. Los beneficios que el sonido armonioso de una pieza musical aporta al bebé y más tarde al niño son muchos. Incluso antes de que vean la luz, la música ya influye positivamente en su desarrollo.

Hace unos meses, la revista británica Ultrasound publicaba el trabajo de varios investigadores en el que probaban que a partir de las 16 semanas de gestación, los fetos ya pueden oír e incluso responder a estímulos musicales. Además, se cree que la música estimula la frecuencia cardiaca en el bebé dentro del útero, mientras que en la futura madre lo que se estimula es la producción de endorfinas. Otra aportación de la música según las investigaciones de Don Campbell, autor del libro Efecto Mozart, es que estimula las nuevas conexiones de neuronas en el cerebro de los niños, especialmente si se trata de música barroca.

Sin embargo, los beneficios más evidentes se producen a otro nivel, el social. Los expertos destacan principalmente los siguientes:

  • Confianza. Al compartir canciones con los demás o crear expectación entre quienes lo rodean al seguir el ritmo de la música con su cuerpo, el niño gana confianza en si mismo, aumentando su autoestima.
  • Sociabilidad. Las letras de las canciones le ayudan tanto a desarrollar más el lenguaje como al entendimiento. Eso, a su vez, influye positivamente en su sociabilidad.
  • Expresión de emociones. La música es un mundo de sensaciones y emociones que sirve de herramienta para entender sus sentimientos y también para expresarlos sin miedo.

 

Por todas esas razones, educarlos musicalmente es una buena idea que además les resultará divertida al tiempo que les ayuda a desarrollarse. Si lo tomamos como un juego en el que lo único importante es pasarlo bien, pueden empezar a ir a clases de música entre los 3 y los 4 años. Así comenzarán a familiarizarse con los instrumentos, irán entendiendo el lenguaje de los sonidos y se despertará su sensibilidad auditiva y musical. A lo anterior se añade que a esta edad es cuando su imaginación se desarrolla a pasos agigantados, y la música es una buena herramienta para ello.

Pero para que todo sean beneficios y el pequeño disfrute de verdad del mundo musical, es fundamental que los adultos mantengamos una serie de reglas.

 

  • No presionar. Aunque a todos nos encantaría que nuestros hijos fueran unos virtuosos del piano, el violín o el saxofón, a esta edad sólo podemos pedirles que se diviertan.
  • Procurar que lo tome como un juego. Si lo perciben como una obligación, seguramente el modelo de aprendizaje no funcionará. Debe ser un tiempo de ocio divertido, aunque aprendan durante el mismo.
  • Tener claro el objetivo. El fin es abrirles a un mundo de sensaciones donde se usa un lenguaje diferente. Conocer ese lenguaje musical, comprenderlo y hacerlo suyo, es el objetivo. Quizá más adelante puedan plantearse otros, como aprender a tocar a la perfección el piano, pero ahora la meta es que disfruten aprendiendo el lenguaje musical.