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comienzo del cole padre con hija

El comienzo de las clases en tiempos convulsos

 

Artículo escrito por: Carla Ollé, maestra de educación infantil

 

Dentro de muy pocos días va a llegar el comienzo de las clases. Como maestra que ha estado literalmente toda la vida cerca de una escuela infantil (he tenido la suerte de tener una mamá también maestra, así que el entorno escolar ha sido siempre mi segunda casa), el proceso del inicio de curso me interesa muchísimo y, por supuesto, más en las circunstancias y el contexto que vivimos ahora mismo. Es por eso por lo que, por un momento, voy a aparcar el tema del movimiento que, por supuesto, retomaré, y voy a dedicar este artículo a todas aquellas personas que os encontráis a las puertas de una nueva etapa escolar. Quizás con experiencia previa, a lo mejor sin haberlo vivido nunca y, muy probable y lógicamente, con cierta incertidumbre. Deseo de corazón aportar mi granito de arena para ayudaros, aunque sea un poquito, en este proceso.

 

La adaptación de los niños a estos tiempos convulsos

Son tiempos convulsos. Hace ya más de 6 meses vivimos una situación que nadie antes había experimentado, y puede que surgieran en nosotros cantidad de emociones: inquietud, miedo, desasosiego, nerviosismo, angustia… o tranquilidad, paciencia, confianza, crecimiento personal… A cada quién le han pasado las experiencias personales que sea, y lo más importante es saber que todo está bien. Lo que hayas sentido o sientas, está bien. Lo mismo pasa con las niñas y los niños. Tuvieron que dejar de ir a la escuela de un día para otro, y podemos decir que han hecho un máster en adaptarse a situaciones nuevas, gestionar emociones, aceptar decisiones en las que seguramente sentían desacuerdo, echar de menos (a compañeros/as e, incluso, ¡al mismo colegio!), tomar responsabilidades, escuchar informaciones espinosas, convivir con las mismas personas más horas que nunca… en fin, podría no parar, ¿verdad?

 

Pautas y sugerencias para el comienzo de las clases

Iba a escribir que en este inicio de curso debemos poner el foco especialmente en ellos/as y, en realidad, se me hace extraño, ya que creo que absolutamente siempre debe ser así. Pero es cierto que este año escolar no es como el resto, de manera que puede que muy lícitamente la cabeza se nos vaya a otros lados pensando en qué pasará, las inseguridades, lo complicado de organizarnos, y tantas cosas más. Por este motivo me gustaría, con esto, invitarte a volver a tu hijo o hija, quién al fin y al cabo será el protagonista principal de esta historia.

Sea cual sea su edad, desde bebé hasta los 4 o 5 años, quiero exponer algunas sugerencias para facilitar el máximo posible el período de familiarización con la escuela que todas las niñas y niños van a vivir. Quizás no lo notes a nivel organizativo, ya que no podrás entrar en el aula y quedarte un ratito al principio, o esta vez no habrá unos días con horarios progresivos para ir más poco a poco, no lo sé, pero los pequeños/as, sin duda, este proceso lo van a vivir igualmente.

Si te dicen o escuchas “este año no va a haber período de adaptación”, ¡alerta! No caigas en creer que eso desaparece del mapa mágicamente, para nada, ¡claro que lo va a haber! Simplemente es muy probable que no se pueda tratar ni trabajar con el cuidado que requiere, y por eso es tan importante todo lo que tú hagas para ayudar a tu pequeñín/a. Así que intenta pensar en todo momento que lo único que sabemos es lo que sabemos hoy, y céntrate en dar lo mejor de ti a tu hija o hijo en estos primeros días o semanas, le harás mucho bien.

La manera en cómo tratar lo que te diré ahora depende en cierta medida de la edad de tu niño/a. Yo hablo de forma general, y tú toma y adapta a tus circunstancias todo lo que te llame la atención:

  • Dile la verdad: “voy un momento al baño muy rápido”, “voy a comprar y vengo”, “te venimos a buscar enseguida” … ¿te suena? Con la intención de evitar el llanto en el momento de la separación, a veces se nos pasa por la cabeza decir este tipo de cosas a nuestros bebés, cuando no es lo que pasará en realidad. Seguimos atribuyendo connotaciones negativas al lloro de un niño o niña, cuando verdaderamente llorar es una actividad de expresión muy sana y deseable. Deben desahogarse siempre que lo necesiten, y tener al lado a alguien que los acompañe para transitarlo, y calmarse. Es muchísimo mejor que tu pequeño/a llore porque sabe que te vas por un rato, y muestre enfado y tristeza ya que no quiere (¡claro que no quiere!), a que se quede esperando a que vuelvas pronto, y no lo hagas. En el primer caso, sacará todo lo que necesite y al final encontrará con qué divertirse durante el tiempo que esté allí. En el segundo, le pondremos mucho más difícil que observe y descubra qué hay a su alrededor, y le resultará más complicado sentir confianza en ese entorno. Decir la verdad es decir la verdad, sin grandes explicaciones y con mucho amor: “ahora vas a estar un rato en el colegio y después de comer te vendré a recoger, ¡seguro que te lo vas a pasar en grande y tendré muchas ganas de que me lo cuentes!”, por ejemplo. Y cuando llora o se enoja: “entiendo que estés triste, a mi también me gustaría que estuviéramos juntos. Yo ahora me iré y te recogeré más tarde, ¡haremos un montón de cosas después!”. Sé que es muy difícil, no son pocas las familias que se van de los colegios llorando también, pero hecho de esta manera todo es más fácil y rápido. Ah y, sobre todo, ¡no olvides decirle cuánto le quieres!

 

  • Transmite confianza y tranquilidad: a menudo las familias dicen “es que lo paso peor yo que él/ella”, y muchas veces es así. Por más nervios que sientas y por más que tengas la sensación de ir en contra de tu voluntad (seguro que nos encantaría que nuestras hijas e hijos no tuvieran que vivir la escuela con muchas de las nuevas normativas que se han implantado), intenta transmitir alegría, tranquilidad y sentido del humor a tu peque. Captan hasta lo más sutil y lo que tu expreses, les llegará. Así que intenta hacer el ejercicio de confiar en tu (o vuestra) decisión y en que todo irá bien. Sabes que el proceso en el comienzo de las clases requerirá unos días que quizás serán más duros, pero que forman parte de un viaje que será precioso. Habéis escogido el colegio con todo el cariño del mundo y detrás de él hay profesionales que darán lo mejor en el día a día. Hablad de la escuela (de los espacios, los juguetes, las maestras/os, los compañeros/as…) con amor y dulzura, le ayudará mucho.

 

  • Evita cambios innecesarios: tu hija o hijo ya estará viviendo un cambio muy importante, haya asistido con anterioridad al colegio o no (recuerda que, si no ha ido este verano, han pasado más de 6 meses desde que cerraron). Hay tantas cosas nuevas: personas, espacios, horarios, rutinas, comida… que todo aquello que tú puedas evitar cambiar, mejor evítalo. Por ejemplo, ponerle en otra habitación, querer quitar el pañal o que deje el chupete, pasar de comida triturada a sólida, etc. Si puede esperar, dale unas semanas, y ve hablándolo con la escuela para ir a una.

 

  • Acepta sus reacciones con amor: puede ser que, durante los primeros días o semanas, notes cambios en tu hijo/a. Quizás de golpe duerma peor por las noches, o a lo mejor esté más irritable o mimoso/a que normalmente… e incluso puede ser que no se quiera separar de ti durante el tiempo que estéis juntos. Es normal. Recuerda que viven y expresan las emociones en el momento presente, así que eso no significa que tu peque haya estado mal todo el tiempo que no ha estado contigo. Puede que se haya divertido, pero que al verte quiera mucho contacto y asegurarse de que estás allí. La actividad de su día a día cambia por completo y suelen cansarse más (juegan, interaccionan, se comunican con muchas personas…). Poco a poco.

Termino este artículo diciendo una cosa que me encanta, y es que ¡puede ser que no necesites mucho de lo que he explicado! De verdad, es posible que vaya genial y sea muy fácil, ¡lo he vivido cantidad de veces! Y si es así, disfrútalo, valóralo y, sobre todo, ¡no te preocupes por ello! A veces, si nuestro hijo o hija no llora al empezar el colegio, va feliz y no quiere irse de allí desde el primer día, la mente nos juega la mala pasada de pensar que estamos haciendo alguna cosa mal, que le falta algo en casa, y hasta que quizás no nos quiere tanto como pensábamos. ¡No, frena! ¡Está todo perfecto! Si te pasa eso, sencillamente tenéis mucha suerte y, de corazón y con mucho amor, te digo que deseo que estas pequeñas pautas ayuden a que sea tu caso.

 

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Carla Ollé

Maestra de educación infantil y primaria. Con más de 13 años de experiencia con los bebes en la etapa de 0 a 6 años.

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