El hijo menor: mitos y verdades

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El hijo menor: mitos y verdades

Que los padres tienden a sobreprotegerlos, que también sus hermanos los malcrían, que les cuesta crecer, que son los más divertidos y ocurrentes al crecer rodeados de niños mayores… la sabiduría popular atribuye varias características a los hermanos menores, y la psicología en muchos casos confirma determinadas tendencias, que no dependen del orden de nacimiento en un sentido biológico, sino de la crianza. Veamos cómo suelen ser los hijos menores.

Menos responsables

Debido a que siempre han tenido tanto a sus padres como a sus hermanos mayores detrás, prontos a asistirlos y a hacerse cargo de lo que haya que hacer, los hermanos pequeños tienden a asumir menos responsabilidades –o a asumirlas a regañadientes. Suelen ser más consentidos por los mayores, y además, cogen a los padres más cansados y con menos voluntad para regañarlos que a los hermanos que los precedieron.

Muy autónomos

Por otro lado, los niños menores de la familia no cuentan con tanto tiempo exclusivo para ellos como sí lo han tenido los mayores, o los hijos únicos. Aprenden muy pronto a desempeñarse por sus propios medios y a hacer cosas por sí solos, como servirse los alimentos o vestirse, ya sea imitando a los hermanos -o bien cansándose de esperar que alguien los ayude.

Más afectuosos y mimados

Al ser los pequeñines de la familia, suelen recibir muchísimo cariño por parte de los padres, quienes a veces tienen dificultades en dejar crecer a quien saben que será su último “bebé”. Por lo general se trata de niños muy cariñosos con sus pares y maestros, que de mayores destacan por su capacidad para expresar afecto y demostrar empatía.

Creativos y rebeldes

Los psicólogos han bautizado como “síndrome de Pulgarcito” a esa tendencia de los hermanos menores a hacer cosas que los hagan sobresalir por encima de los demás –al igual que el protagonista del famoso cuento de hadas. Así como los mayores se caracterizan por ser más serios y responsables, los menores suelen ser descarados, libres, y romper las expectativas familiares (por ejemplo, a ser el hijo artista en una familia de científicos, o bien a dedicarse al comercio si sus padres y sus hermanos son más bohemios). De pequeños, los docentes suelen reconocerlos entre los grupos de niños porque tienden a llamar la atención con su humor, sus ocurrencias… y a veces con travesuras, de cuyas consecuencias en casa casi siempre logran librarse.

Como padres, es importante que respetemos las características únicas de cada hijo, que les brindemos a los menores oportunidades de ser responsables y de asumir tareas, así como de que marquemos los límites cuando sea necesario. Procuremos, también, pasar aunque sea algunos ratos a solas con ellos, para que sepan que cuentan con nuestra atención y amor incondicional al igual que los niños mayores.

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