El hijo único: mitos y verdades | LetsFamily
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El hijo único: mitos y verdades

De unos años a esta parte, se han multiplicado los hogares donde solo hay un hijo. Ya sea por la incorporación de las mujeres al mercado laboral, por las dificultades económicas o de vivienda que hacen difícil pensar en una familia más grande, o por decisión de los padres que quieren recuperar sus espacios, muchas familias españolas deciden no darle un hermano a su hijo. ¿Es malo ser hijo único? ¿Qué hay de cierto en los mitos que tildan a estos niños de caprichosos, antisociales y egocéntricos? Todo depende de la crianza que reciban.

Mito: “Al hijo único le cuesta relacionarse con otros niños”

Es cierto que tener hermanos es una instancia importante en la socialización de los niños. Sin embargo, los estudios más recientes indican que no se observan demasiadas diferencias en la capacidad de interacción con el grupo de pares después de la etapa preescolar. En efecto, al pasar tanto tiempo en el jardín de niños o en la escuela, el hijo único tiene muchas oportunidades para socializar, aprender a relacionarse con niños de su edad y a compartir. Mientras sea pequeño, podemos ayudar a nuestro hijo llevándolo al parque, compartiendo tiempo con sus primos o con hijos de nuestros amigos, e invitando niños a casa.

Mito: “El hijo único es un niño tirano”

Es verdad que hay niños que crecen sintiendo que pueden llevarse el mundo por delante y que ellos llevan todas las de mandar. Pero esto no depende de la cantidad de hermanos sino de los límites que pongan los padres. Hay familias con dos o más hermanos que tiranizan a los adultos a su alrededor, mientras que otras educan a sus hijos únicos con suficientes normas y ellos crecen respetuosos para con las personas de su entorno. Es importante transmitir con claridad a los hijos qué se espera de su comportamiento en cada circunstancia, y marcar los límites con amor y firmeza a la vez.

Mito: “El hijo único está acostumbrado a tener todo”

Esto suele ocurrir con frecuencia, ya que los hijos únicos no tienen competencia en cuanto a la atención de sus padres, y más aún cuando son los únicos niños en una familia de adultos. Si los abuelos, los tíos y todo el entorno se desvive por ese niño, es más probable que se acostumbre a demandar, tanto regalos como atención. Ello puede ocasionarle algunos problemas más adelante en la escuela, cuando se sienta frustrado por tener que esperar su turno, o compartir un juego con un compañero. Nuevamente, la clave está en cómo educamos a nuestro hijo: si le enseñamos a esperar, si priorizamos también el espacio de la pareja o nuestros propios espacios personales, y si no cedemos ante cualquier capricho, le enseñaremos que si bien es especial y lo amamos, nuestro niño no es el centro del mundo.