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Inhaladores para niños, ¿cuándo utilizarlos?

¿Qué son y para qué se utilizan los inhaladores?

Se trata de dispositivos pequeños en forma de L que disparan a presión un determinado medicamento para que este llegue directamente a las vías respiratorias. Se prefiere emplear inhaladores en lugar de medicamentos orales debido a que la acción sobre los bronquios es muy directa y por eso el efecto es casi inmediato. Además, presentan menos efectos secundarios porque la dosis de cualquier medicamento será menor que si se lo ingiere.

 

¿Qué tipos de inhaladores existen?

Se utilizan dos tipos de inhaladores: los primeros son en polvo seco, para los cuales es preciso sincronizar la descarga del medicamento con la inhalación, los segundos son en cartucho presurizado, que se utilizan con cámara de aire. De esta manera, hasta un bebé muy pequeño puede utilizarlos porque simplemente basta con aplicarle una mascarilla y dejar que el pequeño respire a su ritmo para asegurarse de que el medicamento llegue a sus bronquios.

 

¿Qué afecciones se suelen tratar con inhaladores?

El asma bronquial es la principal afección. Sin embargo, no hace falta tener un diagnóstico de asma para requerir de un inhalador. Una enfermedad tan frecuente en bebés y niños menores de dos años, como la bronquiolitis , también se trata con inhaladores.

 

¿Es mejor el inhalador o las nebulizaciones?

Depende lo que indique el médico ya que cada sistema tiene sus ventajas. Para administrar una dosis de un bronquiodilatador como el salbutamol, el inhalador requiere pocos segundos. Si nuestro hijo tiene una crisis de asma, debemos aplicar el inhalador cuanto antes para que el efecto sea más rápido. En cambio, las nebulizaciones son prácticas en cuadros de las vías respiratorias altas, para humedecerlas y aflojar la mucosidad, así como para suministrar más de un medicamento a la vez.

 

¿Cómo usar un inhalador con un bebé o un niño pequeño?

En casos de niños pequeños se utiliza tanto la cámara de inhalación como la mascarilla, para permitir que el niño respire normalmente sin necesidad de sincronizar con la descarga del inhalador. Se coloca la cámara delante del inhalador y la mascarilla al final, cubriendo nariz y boca del niño, y evitando que se pierda aire para los costados. Se dispara el inhalador y se cuenta lentamente hasta diez, mientras el niño respira dentro de la mascarilla. Después se retira la mascarilla y se permite que el niño descanse unos segundos, antes de efectuar una repetición del procedimiento.

Recordemos limpiar la cámara y la mascarilla con agua y detergente después de cada aplicación, para evitar que queden adheridos restos del medicamento. También conviene pasarle una gasa húmeda por el rostro al bebé para que el medicamento no le irrite la piel.

Los niños mayores pueden aprender a utilizar la cámara con boquilla, sin mascarilla, para que la dosis que les llegue sea mayor.

 

 

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