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La imaginación en su desarrollo

El interés por las ficciones o el ensueño suele aparecer entre los 2 y los 3 años. La fantasía es un recurso empleado por el niño para expresar sus deseos, miedos, alegrías e inquietudes. A través de ella, el niño crea un mundo paralelo en el que se siente a gusto, ya que aunque es consciente del mundo real en el que vive, todavía no tiene los recursos suficientes o no está preparado para asimilarlo.

El niño sueña y su sueño se expresa por la palabra, adquiriendo la forma de una historia, en la que construye un personaje imaginario, con frecuencia él mismo, pero que no excluye a otros personajes, como por ejemplo, héroes de ficción a los que admira, un hermano, un amigo o un primo, generalmente de la misma edad y el mismo sexo que él, en el cual proyecta parte de sus experiencias y sentimientos personales.

Esta fantasía que desarrolla no es un peso para él; lo abandona, lo retoma y lo cambia cuando necesita. Ese sueño está mezclado con la realidad y sobre ella construye una actividad gozosa para él.

La fabulación, en este caso, no tiene por objetivo anular la realidad sino enmascararla, es decir, interponer entre el niño y su situación psicológica una realidad distinta que adorne el mundo real.

La situación puede ser provocada por un sentimiento de vergüenza (que trate de ocultar acciones que cree no serán bien vistas por los adultos). El niño siente malestar, que aleja soñando algo distinto de lo que efectivamente ocurrió o trasladando la acción al compañero imaginario, ahora protagonista de ello.

También puede deberse a un sentimiento de culpa. Llega un momento en el que el niño considera que, según su propio criterio, una acción que ha cometido es condenable. Le parece que es demasiado tarde para confesar esa acción y en consecuencia se siente culpable de ella. Para sentirse mejor, recurre a la fabulación. Este hecho se suele dar en los niños educados en un ambiente estricto.

Y por último esta circunstancia también puede darse por un sentimiento de inferioridad. El niño sueña que es distinto de cómo es y se ve en situaciones muy diferentes de las que conoce, identificándose con los héroes de los cuentos, conociendo riquezas, honores y glorias…

La fabulación es un estado normal de la evolución de la memoria del niño. El niño no distingue lo real de lo imaginario, la frontera entre sus sueños/deseos y la realidad, es tan borrosa que dice lo que piensa que ve y no lo que ve realmente; progresivamente aprenderá a discernir la realidad y a distinguirla de los productos de su imaginación.

Es más, el amigo imaginario contribuye a que el niño:

  1. De rienda suelta a sus emociones, de forma controlada.
  2. Proyecte sus conflictos, miedos y fobias delante de nuevas situaciones, como por ejemplo el comienzo de la guardería o colegio, dejar el chupete, cambiar de lugar de residencia etc..
  3. Refuerce la confianza en sí mismo, ya que se siente acompañado por su amigo imaginario.
  4. Desarrolle su creatividad.

En cuanto a los padres, no deben estimular ni ridiculizar la existencia del amigo imaginario, sino que conviene observar para detectar si hay alguna necesidad en el niño y si la relación que mantiene con su “amigo” es beneficiosa para su desarrollo.
Se debe vigilar el tiempo que el niño está con su amigo día a día ya que no debe afectar a las relaciones sociales con otros niños o a sus tareas. También conviene controlar que no se vuelva más agresivo o retraído por esta relación.

Por lo demás, no debe preocuparnos. Es algo normal durante los primeros años que dura en ocasiones hasta los 6 o 7 años de edad, cuando el niño alcanza la madurez suficiente para asimilar plenamente la realidad en la que vive y desarrolla el lenguaje, la lógica, memoria e inteligencia.