Las pesadillas y los terrores nocturnos | LetsFamily
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Las pesadillas y los terrores nocturnos

Las pesadillas y los terrores nocturnos son dos cosas distintas. Al contrario que las pesadillas, los terrores nocturnos no producen miedo en el niño. Al parecer, reflejan etapas inmaduras del sueño, en las que el niño tiene dificultad para hacer la transición del sueño profundo al sueño más superficial.

Aunque el niño con terrores nocturnos no los recuerde, estos episodios nocturnos pueden resultar preocupantes para los padres. Muchos niños sollozan o gritan, se agitan o corren por toda la casa con los ojos abiertos, pero sin ver, ni escuchar lo que se les dice.

Si tu hijo padece terrores nocturnos, tu actitud debe ser la de esperar a que cese y recordar que tu hijo, aunque lo parezca, no está sufriendo.
Puedes abrazar al niño; incluso pasarle una toalla refrescante por la cara. Eso ayudará a tu hijo a tranquilizarse, mientras le ayudas a “volver a la realidad”.

A pesar de que los terrores nocturnos no son en general significativos existe sin embargo la posibilidad de que sean síntomas de alteraciones neurológicas. Si estás prepocupada por este tema, consulta con tu médico. Si los terrores se producen con mucha frecuencia, él te indicará si hay alguna medicación que puede ayudarte.

Las pesadillas por el contrario, pueden ser aterradoras para el niño y también para los padres v son resultado de sentimientos de inseguridad, ansiedades, miedos o preocupaciones. Son reacciones de miedo comunes y normales a los sueños desagradables que se inician normalmente a los tres años de edad, teniendo su punto máximo a las edades de cuatro y seis años.

Una enfermedad o el dolor puede ser la causa. También la sobreexcitación, la ansiedad o el miedo por algo que hayan visto en la televisión puede provocar pesadillas. Aunque el niño puede no ser capaz de indicar exactamente qué le está afectando, pueden sacarse algunas claves a partir de su comportamiento conversando con él. Sea cual sea la causa, los niños inseguros, preocupados o con ansiedad tienen más probabilidades de tener pesadillas.

Si tu hijo tiene pesadilla, puedes despertarle, tranquilizarle y darle seguridad diciéndole que todo va bien. Puedes acariciarle y mecerle sin dar demasiada importancia a la pesadilla, puesto que de otro modo podría aprender a utilizarla como mecanismo para atraer la atención. No es importante, en este momento, comentar el contenido del sueño.

Tanto en el caso de los niños que sufren terrores nocturnos, como en el de los que sufren pesadillas, es recomendable tener un periodo de calma y relajación antes de acostarse y seguir en la medida de lo posible siempre una misma rutina. Intenta potenciar la comunicación para que a lo largo del día haya momentos en los que tu hijo pueda hablar contigo y contarte si hay algo les preocupa. Háblale durante el día de sus pesadillas, e intenta aliviar sus miedos e inquietudes.