Lluvia, primavera y alergia al polen en niños

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Lluvia, primavera y alergia al polen en niños

La primavera es la época del año más temida por quienes tienen alergia al polen. Si, además, la estación viene cargada de lluvias, el efecto de gramíneas, parietarias y olivo se multiplica y las alarmas se disparan. ¿Tu hijo es alérgico o crees que puede serlo? Te interesa seguir leyendo.

Aunque vivamos en una ciudad, no escapamos del efecto del polen: estamos rodeados de árboles, arbustos y gramíneas en paseos, parques y jardines, y los niveles de polución más altos hacen que los pólenes de las ciudades sean más agresivos que los del campo.

Las primaveras lluviosas seguidas de temperaturas cálidas propician la floración y disparan los índices alérgicos. El  aumento de temperaturas, la ausencia de lluvias y la presencia de viento favorecen la emisión y dispersión de los granos de polen. Las lluvias limpian el aire y reducen los niveles de polen suspendido. Las autoridades sanitarias mantienen a la población puntualmente informada de los niveles de diferentes especies vegetales en cada zona.

Según la la Sociedad Española de Alergología e Inmunología Clínica (Seaic), los casos de alergia se han duplicado en España en los últimos 10 años. Ya hay 8 millones de españoles con alergia al polen, y su incidencia ha aumentado para todas las variedades: gramíneas, arizónicas, plátano de sombra, salsola, olivo…

 

Síntomas de alergia al polen en niños

Los síntomas de la alergia al polen pueden confundirse con los de un resfriado: el niño puede tener la nariz taponada, moquear… Sin embargo, en el caso de la alergia también aparece irritación de los ojos, lagrimeo y picor en ojos y nariz. Además, no hay fiebre. Los casos más graves pueden derivar en asma.

Lo mejor, si tienes sospechas, es que acudas al pediatra para que valore el caso y solicite unas pruebas si lo ve necesario. Los niños con antecedentes familiares y con dermatitis atópica tienen más riesgo de desarrollar una alergia al polen.

 

Medidas de prevención

En caso de que se confirme el diagnóstico y tu hijo o tu hija sean alérgicos al polen (las pruebas se pueden hacer a cualquier edad, aunque los casos de alergia en los primeros años no son habituales), podemos aplicar algunas medidas para minimizar los efectos de la alergia. La Sociedad Española de Inmunología Clínica, Alergología y Asma Pediátrica (Seicap) da estas recomendaciones:

  1. Realizar un seguimiento de cuándo y dónde aparecen los síntomas y, en caso de sospecha, acudir a un alergólogo pediátrico con la foto de la planta para que realice un estudio de alergia.
  2. Conocer la planta a la que el niño es alérgico y su época de polinización. Evitar acercarse a los lugares donde estén dichas plantas.
  3. Evitar segar y remover la hierba y otros restos vegetales.
  4. Usar el tratamiento indicado por el alergólogo pediátrico cuando aparezcan los primeros síntomas.
  5. Ventilar las habitaciones durante media hora por la mañana temprano y cerrar las ventanas, sobre todo por la noche.
  6. Limpiar el polvo con un paño húmedo, pasar la fregona en lugar de la escoba y limpiar con aspirador.
  7. Revisar que tanto las frutas como las verduras no tengan pegados granos de polen, al igual que los productos obtenidos de las abejas.
  8. Viajar en coche con las ventanillas cerradas en época de polinización.
  9. Cambiar y limpiar con regularidad los filtros antipolen del coche.
  10. Evitar los desplazamientos en bicicleta o motocicleta para evitar el choque con los granos de polen.
  11. Usar gafas de sol para evitar el choque directo de los granos de polen contra los ojos.
  12. Usar mascarilla para filtrar el polen en casos extremos.

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