¿Por qué se autolesionan los niños?

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autolesion en niños

Hacerse daño a sí mismos es una práctica que puede aparecer no solo en adolescentes sino incluso en niños de edad escolar. ¿Qué hay detrás de este comportamiento tan preocupante? ¿Y cómo podemos ayudarlos?

¿Qué hay detrás de las autolesiones?

Cuando hablamos de autolesiones nos referimos a cualquier acción consciente y voluntaria de lastimarse a sí mismo: la forma más frecuente son los cortes en la piel con elementos punzantes, pero también hay casos de quemaduras, arrancarse cabellos, no dejar que cicatrice una herida, etc. No se trata, como podrían temer algunos padres, de intentos de suicidio, porque el niño no quiere morir sino que está buscando solucionar alguna emoción con la que no puede lidiar.

La principal motivación para autolesionarse tiene que ver, precisamente, con encontrar en el dolor físico un alivio para determinado malestar emocional que no se puede poner en palabras, o que no se logra identificar. También hay otros niños que lo hacen porque saben que con ello consiguen llamar la atención de los adultos –padres y maestros- o incluso, porque tienen muy débil su autoestima y la presión del grupo de pares los lleva a hacerlo.

 

Signos para detectarlas

Muchas veces las primeras autolesiones se hacen en secreto, y para el momento en que los padres las descubrimos se han convertido en algo habitual, una costumbre que después resulta difícil de erradicar. Por eso, es importante prestar atención a las señales que dan nuestros hijos y actuar cuanto antes. Por ejemplo:

  • Utiliza vestimenta de manga larga aunque sea verano.
  • Se aísla socialmente, pasa mucho tiempo conectado a las redes y no quiere compartir qué actividades hace en ellas.
  • Cicatrices cuyo origen no se puede explicar, o lastimaduras que empeoran en lugar de mejorar.
  • Esconde elementos cortantes, tales como cortaúñas, tijeras afijadas, alfileres, etc.

 

¿Cómo debemos actuar?

Lo primero que debemos hacer ante las autolesiones es no pasarlas por alto. Decirnos a nosotros mismos que forman parte de una etapa de la adolescencia o que solo buscan llamar la atención, es restarle importancia a un problema que con el tiempo puede volverse muy grave. Aún cuando insistimos que las autolesiones y los intentos de suicidio no son lo mismo, ambas tienen en común la incapacidad de lidiar con emociones negativas, la angustia, el dolor… Y además, aunque un niño no pretenda causarse un daño grave, las heridas que se autoinflige son factibles de infectarse.

Debemos conversar con el niño sin regañarlo, tratar de escuchar su motivación para la autolesión. Es conveniente buscar ayuda profesional, para proporcionarle al niño herramientas que le permitan gestionar sus emociones de forma positiva y ponerlas en palabras. Otra forma en la que puedes ayudar a tu hijo es alentándolo a pasar más tiempo al aire libre y haciendo deportes, y controlar la cantidad de tiempo y las actividades que hace en Internet.

 

 

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