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Por qué sirven los castigos corporales

Hasta hace algunas décadas, eran la norma a la hora de impartir disciplina a los niños. Hoy, los castigos corporales han sido prohibidos en casi 50 países (entre los que se incluye España). En efecto, dar un bofetón, una zurra o azotar a un hijo viola los derechos del niño, tiene muchos más efectos perjudiciales que los que se creía en un primer momento, y tampoco ayuda a resolver los problemas de disciplina sino todo lo contrario. ¿Por qué?

¿Cuáles son los principales efectos de los castigos físicos?

Numerosos estudios sociológicos y psicológicos acuerdan en que los niños no aprenden a respetar los límites gracias al castigo físico, sino que este los vuelve miedosos, sumisos y, a su vez, les dificulta resolver sus problemas mediante el diálogo. Los niños educados con violencia tienden a su vez a volverse violentos con los demás, lo que les trae numerosos problemas sociales. Además, en la edad adulta son más propensos a ciertas enfermedades mentales, como las adicciones.

¿Qué otros riesgos existen asociados a esta práctica?

Por supuesto, no puede pasarse por alto el riesgo de que un niño que recibe castigos corporales sufra daños físicos. Los padres que ejercen de esta manera su autoridad tienden a ir incrementando los niveles de violencia y puede ser que aún sin proponérselo terminen lastimando al niño. Pero aún si esto no llega a ocurrir, las heridas psicológicas y emocionales que sufren los niños maltratados son inevitables.

¿Cómo afecta el castigo físico a los padres?

Los padres también sufren las consecuencias de su maltrato. Los niños crecen sintiendo miedo hacia ellos, se cierran al diálogo y la relación entre padres e hijos se enfría. A veces, esta distancia persiste incluso hasta la edad adulta de los hijos. Pegar a tus hijos es alejarlos de ti, tal vez para siempre. Además, los padres que recurren al castigo físico no logran marcar los límites de otras formas, pierden valiosos recursos y suelen experimentar culpa. Vamos, que no es la mejor manera de vivir la maternidad o la paternidad.

En algunos países, como Estados Unidos, en los que el castigo corporal en el ámbito doméstico no está penado por la ley, algunos padres justifican recurrir a él diciendo que es la única manera de marcar su autoridad y que los niños crezcan fuertes, sabiendo cómo es el mundo. Ya hemos visto que el castigo físico no vuelve a los niños más resistentes sino todo lo contrario, tiende a victimizarlos y a engendrar aún más violencia.

¿Cuáles son las principales alternativas al castigo corporal?

Si queremos que un acto tenga consecuencias, siempre se puede recurrir a quitarles algún privilegio (“como no terminaste tus deberes no verás televisión”), o bien responsabilizarlos por sus acciones (“irás ya mismo a disculparte con tu abuela por esa mala contestación que has tenido”). De cualquier modo, el diálogo es la principal herramienta para marcar los límites y hacer entender a nuestros hijos por qué algunas acciones están mal.