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¿Qué hago si mi hijo se escapa?

¿Qué hago si mi hijo se escapa?

¿Por qué se va corriendo?

Los pequeños se escapan simplemente porque lo encuentran divertido. Porque les encanta correr y se ríen ante los rostros desolados de sus padres, pensando que se trata de un juego. Y, lógicamente, porque desconocen el riesgo de tropezar, lastimarse y –en el peor de los casos- cruzar la calle.

Por otro lado, si tu niñito tiende a escaparse, pregúntate si está realizando suficiente actividad física: tal vez es la manera que ha encontrado de reclamarte más tiempo jugando al aire libre o haciendo ejercicio. ¿Por qué no visitar el parque algunas veces por semana?

 

Nuestro papel: actuar más y explicar menos

Es cierto que debemos hablar con los niños y explicarles las reglas. En lo posible, anticiparse a la situación y decirles antes de salir de casa lo importante que es permanecer junto a mamá y papá y darnos la mano para cruzar.

Pero tampoco sirve explayarse acerca de los peligros del tráfico y de los desconocidos. Es preferible ser efectivo y práctico: si el niño corre, pues lo coges y lo vuelves a subir al cochecito, o lo obligas a ir un buen rato de la mano aunque proteste, llore o patalee. Que vea que de ninguna manera ese comportamiento os resulta divertido, y que solamente logrará que el paseo se termine antes de tiempo.

 

Algunas alternativas

Sin caer en la famosa correa, que algunos padres utilizan pero que a otros les genera rechazo, puedes recurrir al cochecito, si sabes que el lugar que visitarán es muy concurrido, como un supermercado o una tienda. O si el niño aún es pequeño, también se puede emplear una mochila ergonómica para llevarlo.

Otra posibilidad con niños un poco mayores es cambiar el foco de su interés: señálales un escaparate, muéstrales el camino que dejaron marcado las hormigas, o pídeles que te avisen cuando hayan visto tres coches del mismo color.

Finalmente, si el niño ya está corriendo, en lugar de perseguirlo puedes transformar fácilmente la situación en un juego, pero para tu ventaja. Prueba decirle “¡estás congelado!”, “el suelo es lava” o “¿a que no me atrapas?” para interrumpir su alocada carrera y tenerlo dispuesto a pasarse un buen rato contigo. Eso sí, no esperes que este truco funcione por siempre. Con suerte, te permitirá salir del paso mientras trabajas en otras estrategias hasta que la etapa de escaparse haya sido superada.

Contadnos de qué otros modos os la ingeniáis cuando vuestros niños quieren salir corriendo.

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