Quiere un hermanito, ¿qué hacemos?

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Casi todos los padres lo han oído alguna vez: "¡Quiero un hermanito! ¿Por qué no puedo tener uno?". La frase se escucha sobre todo cuando los niños tienen entre 3 y 6 años y son hijos únicos. Aunque no solo en esos casos. También los niños más mayores, e incluso los que ya tienen hermanos, fantasean en algún momento con sumar un miembro más a la familia. Y en ocasiones con tal insistencia que pueden llegar a generar cierta presión en los padres. ¿Qué hacer en esas situaciones?

Lo primero que los especialistas advierten es que ni los hijos únicos tienen por qué sentirse solos ni es una circunstancia tan excepcional hoy en día. Muchos padres llegan a sentir cierta culpa, especialmente si vienen de familias numerosas, porque creen que al no querer tener un bebé le están negando a su hijo una infancia más feliz. Y lo cierto es que no es así. Por supuesto que es divertido tener hermanos, pero también lo es tener amigos, vecinos, primos... Socializar con ellos es una forma de estar con sus iguales y compartir lo que otros comparten con sus hermanos, o incluso más, ya que si los amigos tienen la misma edad y se encuentran en el mismo grado de desarrollo, es más probable que compartan inquietudes y formas de ver el mundo.

Eso no quiere decir que un amigo vaya a sustituir a un hermano, pero sí que no hay de qué preocuparse si nuestra elección es tener un solo hijo: hoy, en los países desarrollados, alrededor del 30% de las parejas son padres de un solo hijo, un hecho que ha dejado de convertir en excepcionales a las familias con un solo menor a su cargo.

Una decisión de papá y mamá

Según psicólogos y terapeutas, los padres no deben sentirse “culpables” entre otras razones porque el colegio o los espacios de ocio son lugares donde se interactúa a diario con otros niños. Aún así, es cierto que no pasará tanto tiempo con otros pequeños como quienes tienen hermanos. ¿Significa eso que deberá aprender a jugar solo para no aburrirse? Sí. Pero todos los niños, también los que forman parte de familias numerosas, aprenden a hacerlo. Y resulta ser un aprendizaje muy positivo que además desarrolla su creatividad.

De ahí que los especialistas crean que el proyecto de aumentar la familia debería depender principalmente de la pareja, por más que las peticiones de nuestro hijo nos hagan pensárnoslo dos veces. Si queremos tener más hijos y nos quedamos embarazados será por supuesto una buena noticia, pero lo importante es que la decisión parta de nosotros. Entre otras razones porque aunque nuestro hijo pida con insistencia tener un hermano es muy posible que sus expectativas no se cumplan una vez que su sueño se haga realidad. Seguramente en su imaginación tener un hermano significa contar con un compañero de juegos con el que nunca va a tener desavenencias, pero la realidad es que ese compañero de juegos tardará en poder comunicarse e interactuar, y para cuando lo haga es posible que su fantasía no le parezca tan divertida como creía.

La decisión de tener otro hijo debería estar ligada a otros aspectos y en ningún caso basarse en que es la única forma de que nuestro hijo no se sienta solo. La razón, dicen los especialistas, es sencilla: no lo está. Tiene el cariño de papá y mamá, pero también el de sus amigos del parque, vecinos, sus compañeros de la guardería o el colegio... Todo un entorno donde se siente protegido y querido.

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