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Decálogo de la mamá maravillosamente imperfecta

Ser madre no es nada sencillo. Y si a eso sumamos que tenemos tendencia a ponernos el listón muy alto, menos aún. Es la razón de que la mayoría veamos todos nuestros defectos como progenitoras. Sin embargo, lo hacemos lo mejor que podemos, y la prueba está en esos maravillosos peques que nos quitan el sueño a diario. Son felices, y para ellos siempre seremos las mejores mamás del mundo. Pero aún así creerás que te falta mucho para ser la madre perfecta. Por eso seguramente te reconocerás en alguna de las máximas del decálogo de las mamás maravillosamente imperfectas:

Te sentirás culpable de absoltuamente todo.

Culpable por no pasar suficiente tiempo con tus hijos, por no pasar suficiente tiempo en el trabajo, por anular tu cita con el gimnasio a última hora, por llegar un minuto tarde a la puerta del cole… La culpa es uno de los sentimientos más comunes entre las madres, aunque la mayoría de las veces no tenga razón de ser. No se hunde el mundo por habernos olvidado su merienda en casa, y sin embargo a ratos nos lo parece.

Te parecerá que todas las demás madres son mejores que tú.

 Ellas van siempre perfectamente maquilladas, no llevan su camisa arrugada, jamás se olvidan la chaqueta de sus hijos en el parque, siempre tienen la respuesta perfecta cuando un niño hace una pregunta difícil… O al menos, eso es lo que te parece. Si tuvieras una cámara para ver cómo son 24 horas en sus vidas descubrirías que tampoco ellas son perfectas. Todos tenemos virtudes y defectos, y esas mamás aparentemente perfectas no son distintas al resto de la humanidad.

Pensarás que tenías que haber prestado más atención a la clase de manualidades.

Cada vez que toca hacer un disfraz para la función de fin de curso o ayudar a tu hijo o hija a crear un collage, te arrepientes de no haber sido más aplicada hace unas décadas, cuando eras tú quien tenía que hacer manualidades. Por más que escuches que lo importante no es que todo quede perfecto sino que él o ella se divierta con lo que hace y aprenda, no puedes remediar pensar que los demás niños van a llevar mejores disfraces y sus padres les harán unos collages perfectos.

Te convencerás de que las madres que tienen tiempo para salir con sus amigas son extraterrestres.

¿Cómo lo hacen esas mujeres que además de trabajar dentro y fuera y de casa y atender a sus hijos perfectamente tienen tiempo de tomarse una caña con sus amigas y hasta cenan de vez cuando con ellas? Definitivamente, tú no estabas en casa cuando llamaron a la puerta para repartir los superpoderes que hacen todo eso posible. En realidad, ellas tampoco. Poco a poco aprenderás a organizarte y serás capaz de sacar un par de horas a la semana para socializar con algún que otro adulto.

Preferirás dormir a… cualquier otra cosa.

Si te lo hubieran dicho antes de ser madre, cuando las noches de fiesta no tenían fin y no te importaba dormir algo menos si el plan lo merecía, no lo hubieras creído. Pero ahora que cuesta dormir toda la noche de un tirón y el agotamiento es tu estado natural, si pudieras elegir entre una romántica cena, una noche de desahogo con amigas o unas 8 horas de sueño ininterrumpido, tendrías clara tu opción.

Creerás que vas a olvidarte de cómo era una pantalla de cine.

Ya no recuerdas cuando fue la última vez que fuiste al cine si exceptuas las veces que viste una de dibujos. Y estás convencida de que como no te organizas a la perfección, jamás volverás a ver una película para mayores de 7 años en pantalla grande porque siempre tendrás cosas más importantes que hacer. Por ejemplo, ir al súpermercado para que tu familia no muera de inanición. Por suerte, tu presagio no se cumplirá, y lo verás en unos meses (o años en el peor de los casos).

Tu lista de buenos propósitos no dejará de crecer.

 Retomar el gimnasio, acudir de vez en cuando a la peluquería, comer de forma más saludable… La lista de buenos propósitos de las mamás imperfectas son cada vez más largas porque es difícil encontrar tiempo para ser una mamá perfecta.

Te preguntarás una y otra vez cómo hizo tu madre para criaros.

¿Cómo es posible que tu madre fuera capaz de educaros sin haber muerto en el intento? Y seguramente, sin alardear de ello. Casi todas reconocemos su mérito en cuanto tenemos hijos, y será entonces cuando nos preguntemos como pudieron con nosotras y nuestra infancia, adolescencia, juventud e incluso madured sin poner una mala cara casi nunca.

Envidiarás los planes de los demás, aunque no sean mejores que los tuyos.

Cualquier cosa te parecerá estupenda comparada con tus planes familiares. Sin embargo, si te perdieras una tarde de juegos o una buena sesión de guerra de almohadas con los niños te darías cuenta que tus planes son infinitamente más divertidos.

Procurarás mantenerte firme cuando te enfades, pero te desarmarás con una de sus sonrisas.

Como buena aspirante a madre perfecta sabes que debes mantenerte firme en los límites que hayas puesto a tus hijos, también si toca reprenderlos por algo. Pero en cuanto te sonríen con esa cara de no haber roto un plato se te olvida. Gajes del oficio de mamá.