5 preguntas y respuestas sobre el parto inducido

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5 preguntas y respuestas sobre el parto inducido

Son muchos los motivos que pueden tener los profesionales para darle una mano a la naturaleza y acelerar los tiempos de un parto. Aquí respondemos algunas dudas frecuentes sobre este procedimiento.

¿En qué consiste la inducción del parto?

Básicamente, se trata de generar por medios artificiales las contracciones de parto cuando estas no han ocurrido naturalmente. Por un lado, se emplean hormonas: la prostaglandina, un gel que se aplica sobre el cuello del útero para ablandarlo, y la oxitocina sintética, que se administra por suero para desencadenar contracciones. También se puede recurrir a procedimientos mecánicos, como la rotura de aguas o el desprendimiento de membranas. En general, algunos o todos estos métodos se utilizan combinados.

¿En qué casos se realiza?

El médico decide acelerar o comenzar el trabajo de parto por diversos motivos: puede ser que la embarazada sufra de alguna condición de salud (como la preeclampsia) o el propio bebé tenga algún problema (como crecimiento uterino retardado), que hagan que los riesgos de proseguir la gestación sean inferiores a las ventajas. Por otro lado, a veces se induce el parto cuando te sales de cuentas más allá de la semana 41, por el riesgo de que la placenta envejezca.

¿En qué casos no se puede inducir un parto?

Hay situaciones que ameritan ir directamente a cesárea, como ser el caso de placenta previa, un herpes genital, una posición transversal del bebé o desproporción entre la pelvis materna y la cabeza del bebé. Y, por supuesto, toda situación donde peligre la vida de la madre o del niño y sea necesario que el nacimiento se produzca de inmediato.

¿Cuál es el momento indicado para el parto inducido?

Todo depende de los motivos que lleven a la inducción, aunque por regla general se suele esperar al menos hasta cumplir la semana 37, para evitar que el bebé nazca prematuramente.

¿Presenta el parto inducido algún tipo de riesgo para la madre o el bebé?

Se suele describir a los partos inducidos como más largos y dolorosos, porque la oxitocina sintética provoca contracciones muy intensas y no se dan en forma progresiva como en un parto natural. Por otro lado, otra posible complicación habitual es que el parto vaginal no avance y que termine en cesárea, lo que ocurre cuando la monitorización fetal da cuenta de sufrimiento. Para la madre, también hay mayor riesgo de sufrir rotura uterina o infecciones.

Por estos motivos, la inducción del parto no es una decisión que deba tomarse a la ligera, sino con el pleno convencimiento de que es la mejor alternativa tanto para la madre como para el niño dentro de las posibilidades.

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