¿Cómo vive el parto el bebé?

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En la sala de partos hay una protagonista indiscustible que es la futura madre. En ella se centran los esfuerzos de médicos, matronas y enfermeras para que todo vaya lo mejor posible. Pero en realidad, tambien están pendientes del otro protagonista del día, el bebé, que es quien está a punto de conocer el mundo. 

Saber exactamente qué siente durante el proceso no es posible, pero gracias a que la ciencia ha llegado a determinar con precisión qué cambios sufre el bebé cuando todavía se encuentra en el útero materno y se prepara para salir, podemos hacernos una idea aproximada de lo que vive durante el parto.

La primera pregunta que suelen hacerse los padres es si el feto puede sentir dolor. Las investigaciones realizadas hasta la fecha coinciden en que, al menos a partir de la semana 28, el feto puede sentir dolor. Sin embargo, la mayoría de bebés no sufren como cabría imaginar cuando vienen al mundo. Durante el proceso de parto están tranquilos. Pueden moverse y dar patadas, pero también dormir durante la primera fase. Se cree que se van acostumbrando a las contracciones progresivamente, y que en cualquier caso no las viven como la madre sino más bien como un masaje sobre todo el cuerpo. Eso sí: le avisan de que algo está por venir. Por eso, cuando las contracciones se van haciendo más intensas, el bebé empieza a segregar catecolaminas, hormonas del estrés que le hacen estar alerta.

El momento de dar a luz

Cuando llega la hora de que el bebé deje el útero, la madre le ayuda con una serie de empujones que efectúa durante las contracciones. El feto los percibe como una intensa compresión que lo envuelve. Esos empujones orientan sus siguientes pasos y además ejercen un efecto beneficioso sobre los pulmones del bebé porque los vacían de líquido amniótico y los preparan para recibir aire. Los 25 millones de alveolos pulmonares, que hasta ahora contenían líquido, deben llenarse de aire cuando el bebé nazca, por lo que se va preparando para ello.

Durante el descenso por el canal del parto, la cabeza del bebé encuentra un último obstáculo tras la pelvis. Son los músculos del periné, que serán los últimos que sorteará. Para que le resulte más fácil, los huesos del cráneo aún no están sellados y son más blandos. Eso permite que puedan contraerse de manera que le sea más sencillo salir al exterior.

Una vez que lo hace, buscará a su madre. Y vivirá muchas nuevas sensaciones: la necesidad de respirar, un cambio de temperatura, la luz intensa que le rodea directamente por primera vez... Por eso, la reacción de muchos bebés es el llanto, ya que pueden encontrarse algo estresados y confundidos. La buena noticia es que ese llanto ayuda a despejar las vías aéreas de líquido amniótico. Y que el bebé se calmará en cuanto lo pongan sobre el pecho de su madre, recordando las sensaciones placenteras que vivió en el útero.

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