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¿Por qué no deberías hacer dietas milagro?

Las llamadas dietas “milagro” no son sino una manera rápida de perder agua y músculo, a costa de guardarnos la grasa, precisamente el elemento de nuestro cuerpo que queremos eliminar. La forma en la que funciona nuestro cuerpo con este tipo de dietas es fácil de entender: al comer poco y restringiendo alimentos importantes de los distintos grupos alimenticios, el cuerpo se va a deshacer primero de lo que menos necesita, agua y músculo. La grasa es necesaria para la supervivencia, y nuestro organismo lo que hace es guardarla toda como mecanismo de defensa, no sabe cuánto tiempo va a seguir esta restricción y “por si acaso” se almacena, para ello el metabolismo se vuelve más lento.

¿Cuánto suelen durar estas dietas? Lo normal es que sea de 4 a 6 semanas, en ese tiempo no hay marcha atrás, el organismo ha entrado en una espiral que, a modo de reserva, nos ha dejado sin músculo, por lo que la piel se vuelve flácida y es fácil que aparezcan estrías, y con nuestro almacenamiento de grasa intacto. Además, con un metabolismo escandalosamente lento. En esta situación, cuando volvemos a recuperar nuestra dieta habitual, lo normal es sufrir un “efecto rebote” que nos haga ganar incluso más kilos de los que teníamos antes, debido a este metabolismo, que se niega a quemar más calorías de las estrictamente necesarias.

¿Realmente merecen la pena este tipo de dietas? Rotundamente no, no necesitamos perder unos pocos kilos rápidamente, a largo plazo nuestro cuerpo se ve seriamente afectado y las clínicas de los nutricionistas están a rebosar en estas fechas para intentar revertir sus efectos. No es un cambio de dieta lo que necesitamos para vernos bien, sino un cambio de hábitos, un estilo de vida que nos permita comer de todo (hasta aquello que creemos que no podríamos volver a probar) y que nos haga olvidarnos de la báscula, haciendo más caso a cómo nos sienta la ropa o cómo nos vemos en el espejo.

Si nos pasamos a hábitos más saludables como que la verdura y la fruta supongan el 60-70% de nuestra alimentación, comamos legumbres cocinadas de forma saludable dos veces por semana, consumamos solo carne magra y a ser posible blanca como el pollo, el pavo o el conejo, incluyamos ese puñadito de frutos secos (unos 30 gramos diarios) para que las grasas buenas que nos aportan ayuden a destruir las malas, optemos por consumir sólo cereales integrales y nos mentalicemos de que hay que beber al menos 2 litros de agua al día, los resultados nos sorprenderán en poco tiempo, sin necesidad de hacer dieta.

Como nuestro estilo de vida ya es saludable, no tenemos que preocuparnos de ese día a la semana en el que comemos lo que queremos, lo que nos apetece, no afectará en nada a nuestro cuerpo si después seguimos llevando el mismo tipo de alimentación, al que hay que añadir el ejercicio físico, fundamental para tonificar nuestro cuerpo, hacernos sentir más fuertes y acelerar ese metabolismo para que responda como debe en función a nuestro estado físico y mental.

 

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