Hombres y concepción: la edad sí que importa

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Hombres y concepción: la edad sí que importa

La idea de que los hombres “pueden tener hijos cuando quieran”, es decir, que los años repercuten poco en la fertilidad masculina está muy extendida. Pero deberíamos ir descartándola: los hombres también tienen reloj biológico. 

Una cosa es seguir produciendo espermatozoides toda la vida –como, efectivamente, sucede– y otra muy distinta es que estos sean siempre óptimos para concebir un bebé. A medida que el hombre cumple años se producen cambios en la calidad del semen: no solo hay una reducción en el número de espermatozoides, sino que disminuyen también los espermatozoides de alta movilidad y aumenta la probabilidad de que su material genético esté dañado, lo que puede causar enfermedades congénitas en los hijos.

La calidad del semen empieza a disminuir a los 25 años. A partir de los 35 años de edad, la fertilidad masculina disminuye entre un 21 y un 23% por año, debido la caída de la calidad del semen. Y el riesgo de mutaciones espontáneas de un gen es 5 veces mayor en un padre de 45 años que en uno de 20.

Desde los 50 años hay más probabilidades de que se den, igual que en la mujer, alteraciones cromosómicas como la trisomía 21, responsable del síndrome de Down, o síndrome de Klinefelter. También se dan más casos de otro tipo de enfermedades como la esquizofrenia o el autismo.

Pero, por supuesto, la edad es solo un factor más. Las condiciones ambientales y los hábitos influyen mucho en la preservación de la fertilidad masculina. En esto, la diferencia respecto a las mujeres no es tan grande.

¿Qué puede hacer el hombre para conservar sus espermatozoides en buen estado el mayor tiempo posible?

Todos los estudios realizados hasta el momento apuntan en una misma dirección: mantener un estilo de vida saludable. Poco podemos hacer si vivimos en una zona expuesta a toxinas medioambientales –pesticidas, CO2–, pero sí podemos evitar consumir sustancias tóxicas y adoptar buenos hábitos. El consumo excesivo de alcohol, las drogas, como el cannabis, fumar y tomar ciertos fármacos repercute muy negativamente en la calidad del semen. Y, por supuesto, el sedentarismo, la obesidad y una alimentación rica en azúcares, grasas saturadas  y conservantes y colorantes también influyen, para mal, en la cantidad y las cualidades de los espermatozoides. 

Hacer ejercicio moderado, incorporar a la dieta alimentos de temporada no procesados y ricos en antioxidantes y evitar el estrés y los nervios son las claves para que los espermatozoides se mantengan como chavalines el máximo tiempo posible (y su propietario, también).   

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