Infertilidad secundaria: ¿qué es?

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Una pareja en una consulta médica de fertilidad

No todas las personas que padecen de infertilidad la viven del mismo modo ni al mismo tiempo. Existe el caso de aquellas parejas que, habiendo tenido un primer hijo, se encuentran con serias dificultades para volver a concebir. Esto es lo que se conoce como infertilidad secundaria. Estas personas se enfrentan a una condición de salud que les resulta tan dolorosa y frustrante como cualquier caso de infertilidad, pero a veces además deben tolerar los duros juicios ajenos.

¿Cuándo se considera que existe un problema?

Haber llevado a término un embarazo saludable es, para la mayoría de las personas, un excelente indicativo de la fertilidad de la pareja. Sin embargo, existen casos donde el segundo embarazo tarda más de la cuenta en llegar. Y es una condición bastante frecuente. Se calcula que una de cada cuatro consultas relativas a la infertilidad corresponde a la infertilidad secundaria. Si ya hace dos años que tú y tu pareja procuráis sin éxito darle un hermanito a vuestro hijo, es pertinente acudir al especialista para hacerse los estudios de rigor.

¿Por qué nos ocurre ahora?

En principio, la principal clave es la edad: si consideramos que las posibilidades de lograr un embarazo en un ciclo determinado son de entre el 25% y el 30% en mujeres menores de 30 años y solamente del 5% o menor en mujeres de 40, es lógico que tener el segundo hijo sea estadísticamente más difícil que el primero. Pero puede haber muchos factores que lleven a una pareja a desarrollar un problema de infertilidad después de haber logrado tener un hijo, de los cuales hablaremos en otra oportunidad.

Un mar de sentimientos

Las parejas que se enfrentan a este problema lo sufren tanto como cualquier caso de infertilidad. Sin embargo, en ellos aparecen algunas sensaciones características tales como la culpa por estar relegando a su hijo mayor (por ejemplo, tener que dejarlo al cuidado de abuelos, la canguro u otras personas mientras acuden a las citas médicas), la ansiedad por el paso del tiempo, o hasta la negación del problema (“¿Cómo he de tener yo un problema de fertilidad si ya he sido padre?”).

La mirada de los otros

Al dolor por no poder concebir se le suele sumar el sentirse criticados o juzgados por otras personas, incluso por familiares o amigos cercanos, que no comprenden los sentimientos de la pareja. “¿Qué derecho tienen a sufrir tanto si ellos ya son padres?”, “¿Es que no podéis ser felices y disfrutar de vuestro hijo?”. Esta incomprensión resulta muy dura para quienes padecen de infertilidad secundaria. Lo mejor es buscar grupos de apoyo donde otras personas que estén atravesando una situación parecida puedan brindarles sostén y escucha.

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