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Soja en nuestra dieta, ¿si o no?

Uno de los alimentos estrella en estas dietas es la soja, una leguminosa que destaca por su alto contenido en proteínas, lo que hace que sea perfecta para sustituir la animal, además de ser rica en hidratos de carbono y fibra, así como pobre en grasas.

La soja es un alimento con seguidores y detractores a partes iguales, hay numerosos estudios que avalan sus beneficios para la salud pero también otros tantos que ponen de manifiesto ciertos inconvenientes que debemos tener en cuenta. Entre sus principales beneficios destaca, según diferentes publicaciones científicas, su prevención de algunos tipos de cáncer como el de mama, y también para las mujeres, ayuda a regular los trastornos de la menopausia. Previene enfermedades coronarias y osteoporosis, además de favorecer el sistema circulatorio y prevenir la hipertensión. Está especialmente indicada para diabéticos, facilita la digestión y previene distintas enfermedades relacionadas con el aparato digestivo, entre ellas el cáncer.

La soja es común encontrarla en forma de legumbre o haba, lista para ser cocinada, tiene forma de garbanzo pequeño y de piel lisa. En los supermercados podemos encontrar además algunos derivados como el tofu, una especie de queso poroso que se obtiene a partir de la leche de soja, una buena opción para beneficiarnos de las isoflavonas de la soja (fitoestrógenos) que regulan los trastornos de la menopausia gracias a sus efectos a nivel hormonal. El tempeh se obtiene a través de la fermentación de las habas de soja, favorece la digestión y evita las flatulencias típicas de las legumbres; el miso, una pasta de soja fermentada que se utiliza para elaborar salsas o sopas y que es un buen depurador y alcalinizante; y el tamari o salsa de soja, una salsa de alto contenido en sal que sirve para aderezar las comidas o preparar salsas.

Pero aunque hay muchas formas de encontrar y consumir la soja hay que tener en cuenta una serie de inconvenientes que hace que debamos echar mano del sentido común y no abusar de este alimento como no podemos abusar de ninguno, teniendo en cuenta que las grandes multinacionales están muy interesadas en un consumo masivo de soja por su facilidad para el cultivo y porque puede someterse a distintos procesos industriales dada su gran versatilidad.

Si vamos a consumir soja mejor que sea no transgénica. La mayoría de productos y derivados que encontramos en el mercado es transgénico, es decir, su semilla ha sido modificada genéticamente para poder resistir la acción de los pesticidas, lo que hace que pierda parte de sus propiedades y pueda ser perjudicial para la salud en grandes cantidades. La soja, carece del nivel óptimo de dos aminoácidos esenciales, aunque no tiene por qué ser un problema si se combina con otros vegetales. El ácido fítico de la soja reduce la absorción de muchos minerales y vitaminas, por lo que hay que introducir en la dieta otras fuentes de calcio, hierro y vitaminas del grupo B. Además, un consumo excesivo puede provocar trastornos tiroideos ya que contiene un componente que impide la absorción de yodo, lo que la convierte en un poderoso inhibidor de la tiroides. Es aconsejable tomarla con algas ricas en yodo.

Así que, basándonos en estos datos, sí podemos incluir la soja en nuestra dieta pero intentar que no sea de forma regular, que la dieta tenga otras fuentes de nutrientes como legumbres, verduras y frutas en el caso de las dietas vegetarianas y veganas, y otras fuentes de proteínas como la carne blanca magra y los huevos para dietas omnívoras. Los japoneses han incluido la soja en sus menús desde hace miles de años y son los más longevos del planeta, aunque puede que las cantidades sean más moderadas de lo que nos han hecho creer.

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