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La Guardería: aprender a aprender

¿Cómo se adaptará? ¿Qué sucede allí? ¿Es solo un lugar donde atienden al niño mientras estamos ocupados o es una escuela infantil?

Como en tantos asuntos relacionados con educación hay corrientes a favor de llevar a los niños a la guardería y otras en contra. Lo que parece un error, y lo hacemos con demasiada frecuencia, es generalizar. Ni todos los niños tienen las mismas necesidades; ni todas las escuelas infantiles ofrecen las mismas garantías, ni todas las familias tienen los mismos recursos.

No nos enfrentamos a esta decisión de la misma forma si tenemos en casa a una cuidadora de absoluta confianza y abuelos disponibles cerca, que si la guardería se convierte en la única opción para que los padres puedan conciliar vida laboral y familiar. Por lo tanto, la solución ideal variará dependiendo de todos estos condicionantes.

Uno de los objetivos de llevar al niño a la guardería es que acumule experiencias: allí se acostumbrará a relacionarse con otros niños y con sus educadores, ganará sensibilidad, habilidades y creatividad gracias a las actividades y los juegos; se moverá y desarrollará también físicamente y asimilará unas normas de convivencia. Aprenderá a compartir en un ámbito en el que no es el centro de atención. Aprenderá a aprender. Este es el motivo por el que algunos pedagogos las recomiendan.

Sin embargo, hay quienes opinan que cuanto más contacto tengan los padres con sus hijos durante los primeros años de vida, mejor y que a un niño hay que escolarizarlo cuando empieza a quedársele pequeño su hogar, algo que no suele ocurrir antes de los tres años.

Si decidimos llevar a nuestro hijo a una escuela infantil,¿cómo saber que estamos eligiendo bien? Si bien la cercanía con el domicilio familiar es un detalle a tener en cuenta, este no debe ser el que prime por encima de otras características. Serán necesarias varias visitas al centro, en distintos momentos (en la merienda, durante el recreo, en horario de clases, a la entrada o salida de la jornada, etc.) para observar la dinámica de trabajo y comprobar que el personal disponible en cada momento nos parece el apropiado para atender la demanda de niños con las necesidades propias de su etapa de desarrollo. Lo aconsejable es contar con un cuidador por cada 7 u 8 niños.

Además de esto, es básico que la guardería posea aulas clasificadas por edades, de esta manera lo que se consigue es brindar los cuidados que se precisan en cada momento sin que estos puedan interferir en el resto de los alumnos, además de adaptar las actividades didácticas a las mismas etapas evolutivas.

Normalmente los centros públicos son de total garantía; tienen buenas infraestructuras y buenos profesionales, además de ser las más económicas. Un centro público es una buena opción, pero es bastante complicado conseguir plaza. Los centros privados son más caros, pero ofrecen como contrapartida mayor flexibilidad de horarios.
Una vez hayamos elegido el centro, también es importante que pensemos en un período de adaptación.

Cada niño reaccionará de forma distinta, pero hay algunas recomendaciones que nos pueden ayudar:

  • Conviene que lo dejemos en la guardería de forma progresiva; que tengamos la posibilidad de dejarlo sólo un par de horas durante los primeros días.
  • Que siempre seamos nosotros los que le acompañemos y recojamos.
  • Los días previos podemos pasear por la zona, mostrándole la fachada, para que se familiarice con el lugar.
  • Su ritmo a lo largo del día variará. Puede ser buena idea que le anticipemos lo que hará allí: podemos hablarle de todos los juegos que va a aprender y los niños que va a conocer.
  • No escatimemos el cariño, a la entrada y también cuando vayamos a buscarle.
  • Intentemos no prolongar la llegada. Los niños que lloran, en muchas ocasiones, dejan de hacerlo en cuanto nosotros nos vamos.

Especialistas como el Dr. Estivill apuntan que entre los 7 y los 9 meses aceptar la nueva rutina conlleva menos dificultad que cuando son mayores. Hasta que conocen el nuevo medio, algunos niños se resisten a ir, lloran, se enfadan y despliegan conductas contradictorias. Es normal, pasados unos días o semanas, sus temores desaparecerán.
Es importante que no dramaticemos y que ellos no perciban angustia, ni tristeza por nuestra parte. Aunque nos dé pena verle llorar, nuestra misión es transformar la situación en algo positivo.

Normalmente en las Escuelas Infantiles, los educadores dan información exhaustiva de cómo ha pasado el niño el día, de cómo ha comido, cómo y cuánto ha dormido y cómo ha sido su comportamiento. En algunos casos, incluso la dan por escrito, a diario o semanalmente.

La vida sigue cuando la baja por maternidad finaliza. Organizarse no siempre es fácil y son muchas las personas que nos ofrecerán sus recetas ideales para hacer encaje de bolillos entre las necesidades de tu hijo, las del trabajo y las tuyas propias. Cada familia, cada hogar, deberá encontrar el camino que le parece más apropiado, sin que éste tenga necesariamente que coincidir con las opciones que han tomado otras personas que tenemos alrededor.

A lo largo de la vida de nuestros hijos, nos daremos cuenta de que no hay una única manera de hacer las cosas. Puede darse el caso de que a uno de nuestros hijos lo llevemos a Escuela Infantil, porque tras valorar una serie de factores pensemos que eso es lo mejor y que a otro decidamos dejarlo en casa hasta los tres años con un cuidador.