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La onfalitis del recién nacido

El riesgo de infección es mayor cuando se produce el proceso de separación del cordón umbilical, ya que los vasos sanguíneos quedan expuestos. Esta situación puede provocar que los gérmenes tengan una vía libre de entrada clara al organismo.

Actualmente estamos ante una infección muy rara, ya que las medidas de higiene, limpieza y secado del ombligo tras el proceso de separación del cordón umbilical son extremadamente escrupulosas.

Síntomas de la infección

La onfalitis del recién nacido se presenta con una serie de síntomas claros. El primero de ellos es la percepción de un olor muy fuerte y desagradable en la zona. También puede producirse cierta humedad y supuración. Asimismo, se puede detectar un enrojecimiento en la piel circundante al ombligo, más o menos evidente a la vista.

Los expertos destacan que en los casos más serios puede producirse fiebre en el bebé, alteración en el ritmo cardiaco, somnolencia extrema, hipotensión, ictericia… Los especialistas determinan que es durante los tres primeros días de la vida del bebé en los que hay más posibilidades de que se produzca esta dolencia.

Casos de riesgo

Los bebés con sistemas inmunológicos maduros no suelen tener problemas con la onfalitis del recién nacido, salvo en casos puntuales. Los bebés prematuros, por razones obvias, están más predispuestos a padecer esta enfermedad infecciosa.

Asimismo, los bebés que han tenido un proceso de parto muy prolongado o que padecen una infección previa tienen más posibilidades de tener onfalitis del recién nacido. El tratamiento de la onfalitis es más eficaz si, de manera previa, se han desarrollado cuidados y una correcta higiene de la zona, manteniendo el cordón umbilical perfectamente enrollado, seco y cubierto con gasas.

En los casos más extremos y graves se puede aplicar un tratamiento antibiótico intravenoso.