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Masajes para bebés en casa

Muchos padres y niños disfrutan especialmente del contacto y de lo agradable que puede ser un masaje para bebés. Normalmente se empieza después de cuatro semanas, pero esto depende de ti. Lo importante es que experimentes que el masaje para tu hijo es algo totalmente diferente del masaje convencional, puesto que pretende crear un contacto físico en el que se transmite ternura.

Crea un ambiente relajante para el masaje. Antes de empezar, mira, si tu bebé se encuentra bien o si tiene sueño, para que los dos podáis disfrutar de esta experiencia tan bonita. Empieza con el masaje una hora después de la última comida. Lo mejor es sentarse con las piernas cruzadas delante del niño, que está acostado desnudo sobre una toalla o en una manta.

La habitación debería tener una temperatura ideal (mín. 25º C), de forma que tu hijo se encuentre a gusto. Colócate de forma que las piernecitas de tu hijo descansesn sobre tus pies. Si deseas masajear a tu niño a menudo, es importante que crees un ritual de bienvenida, que se repita siempre, por ejemplo una canción que cantéis al principio y al final del masaje. Inclínate sobre tu hijo, mírale a los ojos mientras le cantas su canción favorita y agárrale las manos.

A continuación calientas tus manos con un aceite (lo mejor es utilizar un aceite vegetal puro, por ejemplo aceite de caléndula). Ahora puedes poner, según tu gusto y tu humor, un CD con música tranquila.

Si notas que tu bebé disfruta mucho del masaje y te apetece profundizar en este tema, puedes hacer un curso de masaje para bebés.

Primero deja descansar tus manos en los hombros del bebé. Después reparte suavemente el aceite por el cuerpo de tu hijo hasta llegar a las costillas. Luego le agarras suavemente el bracito derecho y vas bajando lentamente hasta la mano. A continuación le masajeas el brazo con movimientos hacia afuera y vas bajando otra vez hasta la mano. Lo mismo haces ahora con el brazo izquierdo. Después realizas lo mismo en las piernas. Y finalmente le toca a los pies. Aprietas suavemente con toda la mano empezando por el talón y moviéndote hasta la punta de los dedos de los pies.

A continuación sigues con el masaje en la barriga frotando con toda la mano desde el ombligo hasta la ingle. Después lo acuestas boca abajo y acaricias a tu niño otra vez empezando por los hombros y desplazándote hasta el culito.

Deberías repetir cada movimiento unas diez veces. Ejerce muy poca presión e intenta mantener un ritmo uniforme.

Durante todo el masaje mantén siempre una mano encima del bebé para que él no pierda la sensación de seguridad y de protección.

Para un recién nacido el masaje no debería durar más de veinte minutos.