Cómo el embarazo cambia la relación con tu madre

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Cuando una mujer se entera de que pronto se convertirá en madre, todos los vínculos con las personas de su entorno se transforman. La relación con su propia madre –futura abuela del bebé- no es la excepción. Veamos cómo el embarazo –y más aún, el nacimiento del bebé- puede cambiar la dinámica de la relación entre madre e hija, que no siempre es sencilla.

Ilusión versus realidad

Todas las embarazadas sueñan con el momento en que les cuenten a sus madres la bella noticia, en recibir sus felicitaciones y ver lágrimas de emoción en los ojos de la que pronto será abuela. Lo cierto es que no todas las mujeres reciben así las novedades: a algunas, el embarazo de las hijas les resulta difícil porque las confronta con su propia madurez, porque temen que la hija no esté preparada para tanta responsabilidad, o porque por algún motivo no aprueban su decisión. Por eso, el embarazo puede provocar un desequilibrio en la relación entre la embarazada y su madre.

¿Apoyo o asfixia?

Aún cuando la madre se muestra solícita y entusiasmada, dispuesta a aconsejar y a acompañar a su hija durante esta etapa, es importante poder marcar los límites para evitar que el apoyo se convierta en control. Una cosa es dar consejos a la hija cuando ella lo solicita, acompañarla a las ecografías en caso de que el padre del bebé por algún motivo no vaya a estar presente. Otra cosa es abrumarla con consejos no solicitados o regañarla porque no se cuida como la madre cree que debería cuidarse.

¿Es tu madre la acompañante ideal para el embarazo y el parto? Todo depende de que sepa respetar tus límites, que esté dispuesta a escucharte y a respetar tus decisiones (por ejemplo, si decides tener un parto sin anestesia) y que no invada espacios de la pareja.

Cuando nace el bebé

La transformación más profunda del vínculo entre madre e hija suele darse una vez que ha nacido el bebé. Es posible que comprendas a tu madre como nunca antes la comprendiste, que le perdones sus errores sabiendo que ella siente por ti lo que tú ahora sientes por ese pequeño bebito que tienes entre los brazos. Cuando vivas en carne propia los sacrificios y el esfuerzo que implica criar un bebé, es probable que valores aún más lo que tu madre hizo por ti.

Aunque a algunas mujeres les pasa lo contrario, sobre todo cuando han tenido relaciones muy difíciles con sus madres: no comprenden determinados errores o decisiones de la crianza, y se proponen hacer todo lo contrario con sus hijos.

De cualquier manera es importante recordar que a tu madre no le tocó criarte en esta misma época, que algunas costumbres cambiaron, que posiblemente tenga una visión distinta de la maternidad que la que tienes tú. Con amor, diálogo y respeto, ambas pueden fortalecer su vínculo a partir de tu maternidad.

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