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Enfermedad mano-pie-boca

La enfermedad boca mano pie, es un síndrome muy habitual en nuestro entorno y que afecta sobre todo a los lactantes y niños que acuden a guarderías y colegios donde son contagiados por compañeros que padecen la enfermedad. Se suele dar en la época primaveral y durante el otoño. Es importante conocerla para poder saber si nuestro hijo la padece y así poder prevenir sobre todo su propagación.
Es una enfermedad infecciosa, producida por un virus llamado Coxsackie A16 (de la familia de los enterovirus, es decir virus intestinales). El cuadro clínico se suele iniciar a los pocos días de haberse contagiado y las fuentes de contagio suelen ser las secreciones de vías altas, el líquido de las vesículas o las heces del niño, ya que el virus se elimina con las deposiciones, de ahí la importancia del lavado de manos de las personas que los atienden y ojo, sus cuidadores pueden transmitirla a otros niños si no cumplen las normas mínimas de higiene personal. Durante la primera semana de la enfermedad, es cuando el niño elimina más virus, por lo que el poder de contagio es mayor.

La clínica comienza por un cuadro de catarro con dolor de garganta, fiebre, malestar general, pérdida de apetito, aparición de ganglios pequeños en el cuello y la presencia típica de unas lesiones ampollosas en la boca, en las manos, en los pies y en la zona del pañal, siendo típico que moleste o incluso duela cuando las presionamos.

El tratamiento será sintomático, siendo fundamental el control de la fiebre ya que pueden aparecer, aunque son raras, convulsiones por dicho motivo por lo que deberemos utilizar antitérmicos tipo paracetamol o ibuprofeno para controlar dicha complicación. Por otro lado hay que vigilar el estado de hidratación del niño, ya que las úlceras y ampollas que aparecen en la boca, son suficiente motivo para que no quieran ni comer ni beber por la molestia que esto les ocasiona, que puede suponer una deshidratación que en el peor de los casos precisará rehidratación intravenosa en el hospital. Además tenemos que tratar las lesiones de las manos y pies con solución antiséptica, para intentar que sequen lo más rápidamente posible y así poder evitar la diseminación del virus a los contactos próximos del niño. El tratamiento antibiótico no tiene justificación, ya que es una enfermedad vírica y su uso podría ocasionar una disminución de las defensas del niño con el consiguiente agravamiento de la enfermedad.

La prevención se consigue con unas normas de higiene básicas que incluyen la limpieza en profundidad del váter utilizado por el enfermo, el lavado de manos del niño después de deponer y de las personas que lo atienden, si son las responsables de la limpieza del lactante. Por otro lado deberemos evitar el contacto con las secreciones altas del afectado, evitando darle besos y recomendándoles que cuando tosan o estornuden se tapen la boca para evitar la diseminación del virus. Pintar las lesiones con un antiséptico también será una buena medida de prevención. Los niños se suelen recuperar sin secuelas en 7 días, si hemos atendido a las recomendaciones antes expuestas. Por último comentar un falso mito que relacionaba esta enfermedad con la presencia en casa de animales o mascotas que pudieran ser causantes de la infección. Es solo un mito. El niño si está con fiebre deberá permanecer en casa y recomendamos que los primeros días de la enfermedad no acuda al colegio o la guardería, aunque muchas veces ya ha contagiado a sus compañeros, pues antes de iniciarse la sintomatología, el niño ya puede contagiar.