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Intolerancia a la lactosa en el embarazo

¿Qué es la intolerancia a la lactosa?

La lactosa es un azúcar que contienen todas las leches de los mamíferos. Para que los bebés y las crías de los animales puedan absorberla durante la lactancia, su intestino delgado genera una enzima que se llama lactasa. A medida que nos hacemos mayores los niveles de lactasa van disminuyendo. Muchos adultos siguen produciendo suficiente lactasa para digerir la lactosa y otros, no. Cuando hay un déficit de lactasa pueden aparecer síntomas como dolor abdominal, hinchazón, náuseas e incluso vómitos o diarrea.

La sintomatología de la intolerancia a la lactosa es muy variada y el umbral de tolerancia de quienes la padecen, también. Para hacer frente a esta dolencia, es necesario hablar con el especialista, no se trata de dejar de consumir leche y lácteos sin más porque el déficit de calcio puede derivar en una pérdida de masa ósea, y más si se está embarazada, cuando nuestro organismo necesita una ración de calcio extra para formar los huesos del bebé.

Entre el 30 y el 50% de los españoles tienen intolerancia a la lactosa, según la SEPD (Sociedad Española de Patología Digestiva) y la SEMG (Sociedad Española de Médicos Generales y de Familia). Si sospechas que puedes tener intolerancia y planeas un embarazo, habla con tu médico.

Alimentación y embarazo: fuentes de calcio con intolerancia a la lactosa

La dosis de calcio recomendada durante el embarazo y la lactancia está entre los 1.200 y los 1.500 mg diarios. ¿Cómo llegamos ahí?

Lácteos: Existen derivados de la leche que prácticamente no tienen lactosa, pero son ricos en calcio. Es el caso del queso, los yogures y muchos postres con una base de leche. Los quesos curados y semicurados apenas contienen lactosa, tampoco los yogures y el requesón. Hoy en día, la leche sin lactosa ya es habitual en las tiendas, y conserva todo el calcio.

Alimentos vegetales: Los frutos secos, el sésamo (y la pasta de semillas de sésamo, el tahini), las legumbres, los cereales integrales y la soja son fuentes de calcio. Sin embargo, nuestro cuerpo no lo absorbe tan eficazmente como el que proviene de otras fuentes de este mineral, por la presencia en la composición de los vegetales de sustancias que interfieren en la absorción.

Pescado y marisco: Muchas variedades de pescado contienen gran cantidad de calcio. Se recomienda, especialmente, el pescado que se come con espinas, como los boquerones pequeños. El salmón, las sardinas o el lenguado también son ricos en calcio -y, de paso, en otros nutrientes esenciales-. El pulpo, los berberechos, las gambas, los langostinos y las vieiras también son ricos en este mineral.

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