Alimentación complementaria: introducción de lácteos

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Bebé comiendo un yogur

Un tema controversial, si los hay, es la introducción de leche de vaca y sus derivados en la dieta de los bebés. Mientras que hasta hace unos años se creía que el yogur era un alimento especialmente recomendable para los más pequeños, hoy en día ciertos sectores de la sociedad demonizan la leche de vaca tildándola de poco menos que de veneno. Ni una cosa ni la otra: los lácteos son un complemento adecuado en una dieta saludable, pero hay que ser cuidadosos con las cantidades y no exagerar, en especial cuando se trata de alimentación de bebés y niños pequeños.

La leche materna

Los bebés en principio no necesitan ningún alimento lácteo mientras toman el pecho. Hasta los 6 meses la leche materna debería ser su único alimento y, por lo menos hasta el año, la principal fuente de proteínas lácteas. A medida que los niños crecen, aún cuando se opta por lactancia prolongada es posible incorporar leche de vaca y sus derivados, pero no se debería intencionalmente quitar el pecho para reemplazarlo por estos.

Leches de fórmula

Si un bebé necesita complementar la toma del pecho o si la madre opta por alimentarlo con biberón, se deben emplear fórmulas tipo 1 hasta los 6 meses (llamadas leches de inicio) y leches tipo 2 desde los 6 meses al año (leches de continuación). Se trata de leche de vaca, eso sí, pero ha sido modificada para hacerla más tolerable a los pequeños estómagos de los bebés y para aportarles los nutrientes que no estén obteniendo de la leche materna.

Yogures y quesos

Se puede incorporarlos antes de la leche de vaca, ya que, al haber pasado por un proceso de fermentación, son más fácilmente digeribles y menos propensos a generar reacciones alérgicas. Lo mejor es ofrecer yogur natural (sin endulzantes, azúcar, ni colorantes). En bebés con antecedentes familiares de alergia a la proteína de la leche de vaca, sin embargo, los derivados lácteos no deberían ser suministrados antes del año.

Leche de vaca

Una vez que el bebé ha cumplido el año de vida, y tolera bien los yogures y el queso fresco, es posible ofrecerle leche de vaca. Es una fuente de calcio, vitaminas y proteínas que complementa una alimentación variada. Sin embargo, no se debe ofrecer demasiada cantidad de lácteos para no hacer trabajar en exceso los riñones del niño. Se calcula que aproximadamente 500 ml de leche satisfacen las necesidades de un niño de esta edad, teniendo en cuenta que si se ofrece yogur ya se está reemplazando parte de la ración.

Lácteos que conviene evitar

No convienen los postres lácteos comerciales, ni los yogures saborizados, ya que añaden azúcar, colorantes y aditivos alimenticios. Lo mismo ocurre con las bebidas lácteas infantiles, y hasta con las leches de crecimiento (las tipo 3) que no aportan ninguna proteína, vitamina ni mineral que no pueda obtenerse de una dieta balanceada.

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